1961, EL ORIGEN DE BRISAS DEL TITICACA 50 años después
 
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1961, EL ORIGEN DE BRISAS DEL TITICACA 50 años después
 
   

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AQUI VARIOS TEXTOS Y ALGUNAS FOTOGRAFIAS QUE CONTIENE EL LIBRO DE 400 páginas
La historia se inicia en Lima Perú, hace más de 50 años.
Luego de varios textos introductorios, el libro está profusamente documentado con material de primera fuente, contiene gran cantidad de copias de documentos originales de la época inicial, fotografías, copias de publicaciones en los diarios, acerca de la actividad que desarrollaba Brisas del Titicaca entonces e información valiosísima que esclarece definitivamente versiones tergiversadas que intesionalmente fueron tejidas en algún momento.
Su redacción está fundamentalmente basada en las publicaciones de la Revista Aswan Qhari, donde por iniciativa de su Director, Bruno Medina Enríquez, algunos iniciales protagonistas durante varios años publicaron sus testimonios.
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1965. Presentacion en el Canal 7 TV Piso 11 del Ministerio de Educación
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Enero de 1966.
El elenco de danzas tomando un descanso durante una presentacion en la Concha Acústica del Campo de Marte
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Una gran artista de entonces
Gloria Gomez Quispe
ESTOS MATERIALES SERAN PUBLICADOS
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1962. Presentación en Lima de la primera Embajada Folklorica APAFIT - TEODORO VALCARCEL
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Agosto de 1966:
En el Hall del Ministerio de Educación, luce orgullosa el colorido atuendo de la cholita puneña, luego de la presentación en canal 7 TV.
Ella es DOLLY MIRANDA MORALES, hija de Policarpo Miranda.
LOS FUNDADORES
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CONJUNTO MUSICAL BRISAS DEL TITIKAKA
De 1962 es la fotografía de los únicos y reales fundadores, y que ha sido tomada en un estudio fotográfico de La Victoria, a pocos días de haberle dado el nombre de Conjunto Musical Brisas del Titikaka.
Están presentes de izquierda a derecha, parados: Jorge Rojas Gironda, con la guitarra; Cesar Antonio Ontiveros Luna, con el acordeón, Miguel Alferez Aguilar, fue un simpatizante y está con otro color de terno, Benjamín Cordero otro simpatizante tiene el acordeón en los brasos, Policarpo Miranda Mestas con la guitarra.
Sentados: Armando Azcuña Niño de Guzmán con el Charango; Tommy Felipe Sardón Bacarreza y Manuel Calderón, con las mandolinas.
Este ha sido pues el primer Conjunto Musical Brisas del Titikaka, que dio origen a la institución y que se presentaba en diferentes escenarios, su Promotor, Primer Director y Presidente fue Policarpo Miranda Mestas hasta su formalización como Centro Musical Brisas del Titikaka en 1965.
Estas son evidencias irrefutables de como se construyó Brisas del Titicaca, solo con la verdad y al amor a la tierra

Y estos testimonios gráficos y textuales forman parte de la verdadera historia.
1961, LA MÚSICA FUE EL PUNTO DE PARTIDA
«Puno cuna de poetas, pintores, músicos y de toda una diversidad de manifestaciones culturales y sociales. El puneño como tipo social, pone la simpatía, el corazón, la fe compartida.
La música fue el punto de partida de la formación de Brisas del Titicaca, y precisamente fueron puneños con profunda sensibilidad humana y artística, quienes por ejecutar los huayños que con sus melodías los remontaban a la tierra querida, al entonar las canciones cargadas de recuerdos del ser amado y de paso tomarse unos traguitos, que permitían alegría dentro de nuestra nostalgia, recordando a los seres queridos ausentes. Ya picaditos querían compartir con otros paisanos que también andaban cargados de emotividad y para contagiar alegrías y tristezas a partir de las 11 de la noche daban las famosas serenatas, dos o tres canciones eran suficientes para ingresar y continuar con la fiesta, muchas veces hasta el amanecer.
Después de recordar a los familiares, remontar nuestros pensamientos al terruño, los lloriqueos de costumbre, llegaba el apetito del chayrito que lo degustábamos con muchas ganas de comer el plato tradicional de los puneños.» (1)
Un sentimental texto escrito por Juan Carpio Mostajo para el primer artículo que publica en 1997, junto a otros antiguos briseños, en la revista Aswan Qhari, en verdad es el real preámbulo de esta historia.
Como lo son los diversos textos publicados en dicha revista, que junto a la investigación personal, son los materiales en los que fundamentalmente se basa lo escrito en este libro.
Transcurría el año de 1961, cuando seis amigos, naturales de Puno y procedentes de distintas provincias, pero que tenían la dicha de pulsar un instrumento, se reúnen con el fin de interpretar algunas piezas musicales de la añorada tierra puneña.
Y así empieza el texto del segundo artículo que sobre la historia de Brisas del Titicaca, fue escrito por Juan Carpio y que se publicó en el número 14 de la revista Aswan Qhari de febrero de 1998 junto a la fotografía de los reales fundadores de Brisas del Titikaka.
Los integrantes de este grupo que se reunían desde 1961 fueron: Policarpo Miranda Mestas, (Vilquechico); Tommy Sardón Bacarreza, (Cojata); Jorge Rojas Gironda, (Juliaca); Armando Azcuña Niño de Guzmán, (Puno); Antonio Ontiveros Luna, (Huancané), que no era músico y Manuel Calderón (Yunguyo).
En la fotografía que se exhibe, también están Benjamín Cordero y Miguel Alferez Calderón, que siendo inicialmente simpatizantes en 1961, se integraron al Conjunto para cuando ya se toma la fotografía en 1962.
Al encontrarse lejos, en tierras extrañas, deciden formar una agrupación musical, cuya finalidad sería la de difundir la música puneña, que en esa época estaba olvidada e ignorada, y sin difusión en los medios de comunicación.
En esos años mientras la música de otros departamentos era muy difundida, la música de Puno era poco conocida, estaba a la zaga, sin embargo la de Junín era la que tenia mayor cantidad de difusores a nivel nacional y era muy promovido por medio del programa «Sol de los Andes» por Luis Pizarro Cerrón en radio El Sol del Jr. Uruguay y el Coliseo Nacional de La Victoria; en nombre de Huancayo estaban en su apogeo el «Picaflor de los Andes», «La Flor Pucarina», «La Flor de Huancayo», «Las Hermanitas Zevallos»; por Ayacucho actuaban los «Hermanos García Zárate», la «Lira Pausina», «Florencio Coronado», «Ima Sumac», por Ancash estaban el «Jilguero del Huascarán», la «Pastorita Huaracina», «La Huaracinita», la «Princesita de Yungay»; el Cusco tenia como sus representantes a «Siwar Qente», el «Embajador de Quiquijana», el «Conjunto Condemayta», también Huancavelica era representado por el «Zorzal Negro» o las «Hermanas Sánchez».
En fin la mayoría de los departamentos hacía gala de su acervo musical, inclusive estaban presentes los «Errantes de Chuquibamba» con sus tres integrantes Gilberto Cueva, Plinio Mogrovejo y Antonio Alarcón representando a Arequipa a través de las pocas emisoras radiales por donde se propalaba música del Perú profundo.
La música de Puno realmente no era tomada en cuenta, estaba en el anonimato, casi nadie, excepción de los puneños llegados de su tierra, la conocían en Lima, una que otra grabación en discos de carbón de la autoría de Rosendo o Jorge Huirse eran escuchadas de vez en cuando, y eso porque lo había grabado algún artista criollo.
Quienes aman a su patria chica, su tierra, sabe que entonces y ahora, era y es preocupante esa situación de postergación y olvido de esas manifestaciones culturales, dentro de ellas las expresiones musicales, por esa razón en el grupo inicial de entonces en 1961, se plantearon las siguientes interrogantes, ¿qué hacer?, ¿mantener la indiferencia de los demás?, o contagiarse de la alegría del grupo. Si tenían la capacidad de ejecutar instrumentos musicales que cada uno poseían, voluntad no les faltaba al sexteto, mantenían los mismos deseos y cariño por la tierra donde habían nacido; sobre este grupo de músicos como de otros que en ese tiempo se sumaron, recae la enorme responsabilidad de fundar una institución que con el transcurso de los años y el esfuerzo de los puneños y otros peruanos, alcanzó el éxito de ahora, ellos han servido de pilares para construir esa obra grandiosa que se llama Brisas del Titicaca.
Ellos fueron las iniciales antorchas briseñas que iluminaron con sus primeros rayos de luz, el alborada institucional, que ya cumplió cincuenta años.
Felizmente este grupo tuvo gran auspicio y entusiasmo para organizarse, contar con la aceptación y convocatoria entre la comunidad de puneños residente en Lima, fundamentalmente porque interpretaba muy esmeradamente la música puneña, encontrando fácilmente una respuesta positiva de los amigos.
EN HONOR A ESTOS PUNEÑOS
JUAN CARPIO MOSTAJO
Primer Presidente de Brisas del Titicaca
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Juan Carpio Mostajo, quien entonces y durante algunos años vivía en el Jr. Inclán 240 del popular barrio de Miramar en el distrito de San Miguel, fue un personaje muy singular que muchos no lo consideraron como tal, sin embargo por la importancia de su actuación dirigencial, en una cuantas líneas se puede resumir su personalidad.
Él estuvo desde los primeros años en torno a Brisas del Titicaca, fue uno de sus primeros organizadores de la gente que estaba en torno al Conjunto, no era músico, mas bien era profesor de educación primaria, dirigente magisterial, de fuerte orientación popular y con reconocida y convicta militancia política de izquierda, -«a toda honra» decía-, siendo también delegado del magisterio puneño ante las organizaciones gremiales del sector profesional del Magisterio, labor que también cumplía con complacida convicción.
Don Juan Carpio, fue muy entusiasta y organizador social en su carrera magisterial, actitud que la practicó en Brisas del Titicaca al asumir la primera Presidencia institucional, a él se le debe muchos logros institucionales de entonces, fue duro en su defensa de la moralidad y el orden, crítico de todo hecho que no estuviera de acuerdo con la verdad, empedernido y entusiasta puneño que le había dedicado toda su vida a la defensa de sus principios y de la cultura andina, expresada en las manifestaciones culturales de Puno; su duro carácter de defensor de la moral y la verdad le generó muchos anticuerpos e incomprensiones, como también algunos «enemigos» ocasionales o «gratuitos», tanto así que al final de sus días, cuando se propuso contar «la verdad» acerca del origen de Brisas del Titicaca, a través de ser el redactor principal de las publicaciones realizadas por la revista Aswan Qhari, este hecho le trajo mayores problemas que abonaron más para ganarse serios «opositores», tanto así que cuando decidió retornar a la institución solicitando su incorporación formal, no fue atendido, mas bien postergado, ya que exigía se respete un acuerdo de una Asamblea que disponía incorporar libremente a socios que hubieran estado en Brisas hasta 1968; algo más, fue observada su conducta crítica y su atrevimiento de contar públicamente «su historia»; actitudes que devinieron desde antes y después, en el hecho que aun no se le haya querido reconocer por algunos, como el Primer Presidente de Brisas del Titicaca elegido democráticamente, como no se le ha querido reconocer en vida, su derecho de estar considerado en la «Galería de Presidentes».
Juan Carpio Mostajo nunca arrió sus banderas, como se diría en Puno, fue un terco en sus convicciones y así como tal, jamás enterró su derecho a opinar, nunca se rindió ante nadie y aun así decía «yañuchihuaypis»(*), actitud que denota orgullo.
Desde aquí se le desea honor, gloria y paz en su tumba al amigo.

(*)Así me maten
SEVERO ARROYO GOYZUETA
Te dedicamos este Libro
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Nació en Yunguyo el 1 de febrero de 1939, murió en Lima el 9 de marzo de 2012.
Quien los últimos años de su vida, soportó estoicamente una vana e inútil persecución política y judicial que muchos conocen, hecho que compartimos con él con la fortaleza de un puneño que de a verdad quiere a su tierra, como lo fue Severito.
Severo Llevando el estandarte Briseño, en la primera presencia
oficial de Brisas en Puno año 2000
Días antes de cumplir sus 21 años llegó a Días antes de cumplir sus 21 años llegó a Lima a fines de 1959, con una guitarra al hombro, y grandes entusiasmos bajo el brazo, como integrante del Centro Musical Yunguyo, que había llegado en aquella ocasión a grabar música puneña en discos de acetato, que hacia apenas un año ya se fabricaban en el Perú, luego que en 1958 el Presidente Prado, liberara la importación de discos.
El Centro Musical Yunguyo fue el segundo grupo musical puneño que llegaba a Lima a grabar música puneña, antes lo había hecho el Centro Musical Ayaviri; después, en 1960 llegaría el Centro Musical Lampa y el emblemático C.M. Theodoro Valcarcel recién llegaría a grabar en 1962, en 1957 ya había llegado con una embajada cultural, entonces no había oportunidad de grabar discos, aunque habían grabado algunos de 45 rpm, en base a cintas magnetofónicas caseras que se convirtieron en ese formato.
Resulta que el Centro Musical Yunguyo había ganado durante tres años consecutivos (1957, 1958, 1959) el concurso departamental de estudiantinas, que en ocasión del aniversario de Puno organizaba el Instituto Americano de Arte en Puno, y uno de los incentivos por este triunfo, era llegar a Lima para grabar la música que interpretaba. De esos años gloriosos son los conocidos temas “desde la frontera vengo, palomitay, solamente por quererte ayayay vidita me voy, me voy hay sabe Dios si volveré” o aquel emblemático “Yunguyo mío eres una perla, a las orillas del Titicaca”, tan bien interpretados por el Centro Musical y la alta y clara voz de Maruja Maidana, que cautivó muchas juventudes de aquellos tiempos y de hoy día.
Si pues nuestro amigo Severito, había llegado con la delegación musical de Yunguyo, solo por unos días para grabar esa música, pero a resultas de estar ya en Lima a minutos antes de regresar a la tierra con la delegación, el Severito no apareció en la agencia de transportes de “San Cristobal”, ubicada en el Parque Universitario; había decidido quedarse por estos lares, buscando a algunos parientes donde lo acogieran. Entonces se cobijó en su antigua residencia del Jr. Lucanas 530 interior I, en el popular distrito de La Victoria, compartiendo su vivienda con otros jóvenes de su tierra yunguyeña de aquel entonces, como Isaac Bustamante Velazco, Nolasco Maydana Velazco, Victor Guzmán Vilca, Eleodoro Loza Velásquez, con quienes también se inmiscuyó en el Centro Social Cultural Yunguyo y en Brisas del Titicaca.
Desde ese tiempo ya en Lima, se empeñó en cultivar un futuro promisorio para su vida, se dedicó a trabajar en ese popular distrito de La Victoria, siendo uno de los cuasi fundadores, junto a muchos puneños, del hoy popular emporio de “Gamarra”, en el sector de confecciones, pero no solo eso, con su empedernida voluntad de buscar el progreso, también se preocupó de sus estudios, concluyendo su profesión en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional Federico Villarreal, que por cierto no la ejerció, porque “el trabajo” de ganó a la profesión.
Como directivo de la ACBT con Lucho Arrese (+), Lucho Arenas y Bruno Medina
Como todo músico puneño y estando en el ambiente de la gente puneña que andaba en el barrio de El Porvenir o al rededores del mercado de La Parada, inmediatamente se contactó con el ambiente Puneño, tanto así que en 1960, fue el primero en asumir el Alferado de la Primera Fiesta Patronal de los puneños en Lima, como fue la Fiesta del Tata Pancho, que organizaba el Centro Social y Cultural Yunguyo, que hacia pocos años se había fundado en Lima y a continuación hacia 1961-62, convertirse en uno de los primeros en integrarse al Conjunto Musical Brisas del Titicaca, que luego se llamaría Centro Musical y hoy es la Asociación Cultural del mismo nombre, y desde entonces hasta ayer en que se ha ido, no ha dejado nunca sus quereres briseños, a pesar que allí fue acusado falsamente, hecho que sin embargo soportó estoicamente, con los sinsabores que trae que alguien lo calificara de “ladrón”, o cuando los que consideras tus mejores amigos te dan la espalda, por que creen “lo que dice la gente”, peor si eso fue convertido en un proceso judicial fatuo e inútil por un par de personas de mala fe que no merecen recordar, porque finalmente la justicia, más que Dios, le ha dado la razón a él y a sus amigos que lo hemos querido.
Así pues, Severito, querendón, cariñoso, desprendido, pasó su vida en Lima, sin jamás sentirse un desarraigado de su tierra, a donde siempre retornaba con mucha devoción, gracias a los éxitos que la vida y su trabajo le habían dado como oportunidad, desarrolló su trabajo con mucho éxito en el campo de las confecciones y la artesanía, de la mano con su fiel compañera Clotilde Borda, y los hijos que han compartido de porvida el trabajo y los éxitos no solo en el Perú, sino en el extranjero, donde siempre viajaba, llevando la producción nacional a diversas ferias internacionales, en América, Europa y Asia; en estos días estaba preparando su viaje a la China.
Su antigua participación en Brisas del Titicaca, hasta llegar a ser asociado Vitalicio, la vio plasmada siendo Tesorero del Consejo Directivo de la institución entre 2000 y 2001, gestión con la que participó con éxito en la transformación, desarrollo y consolidación institucional, mezquinando hasta el más pequeño centavo a quienes venían a pedirle “alguito” o pretendían conseguir prebendas, en un lugar donde todos tienen mas bien que aportar, enemigo acérrimo de quienes exigían algo, sin antes dar nada, razón por la que se consiguió también algunos enemigos gratuitos.
Pero así es la vida mi querido Severito, te haz ido feliz, sabiendo que la Justicia te ha dado la razón, y siempre recordaremos tus ultimas palabras “no seas rencoroso, si a la otra vida no nos vamos a llevar nada”, aunque eso no sea cierto porque te llevas nuestro cariño y nuestro reconocimiento eterno, mediante un fuerte abrazo de hermano y esta palabras escritas a lo apurado y te llevas los últimos párrafos del libro donde debería estar la historia de cómo fuiste el primer Alferado de Tata Pancho en Lima.
Hasta Siempre Severo Arroyo Goyzueta.
ARMANDO AZCUÑA NIÑO DE GUZMAN
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Puneño de nacimiento pero desde su infancia vivió en Macusani, capital de la provincia de Carabaya, al pie del majestuoso nevado Allin Qhapaq.
Fundador del Conjunto en 1961, ejecutando el Charango. Integra el Elenco de Danzas desde 1965, a partir de 1972 sus visitas a la Institución fueron esporádicas hasta 1995, por haber ejercido su profesión en diversas ciudades del norte del país.
En 1962 tuvo la virtud de estar en el cuartito de Antonio Ontiveros; cuando decidieron darle nombre al grupo musical que ya habían formado, su propuesta fue aceptada por mayoría, «Conjunto Musical Brisas del Titikaka».
En 1996 en la gestión Presidencial de Dino Arenas Lozada, la Asamblea General lo reconoce como Asociado Honorario de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, calidad que ostenta hasta la fecha.
En la actualidad continua su labor de difusión cultural en diversos medios, siendo un excelente declamador de poesías en quechua en especial los poemas de César Vallejo, labor cultural por la que ha sido reconocido como un gran cultor, habiendo recibido diplomas y condecoraciones por ello en varias oportunidades por instituciones públicas y privadas.
Lo positivo de Armando es su don de gentes, su cordialidad, su nivel cultural, su entrega y cariño a lo que significa cultura nacional, la misma que la practica todos los días y hecho que le ha deparado grandes amistades y mejores cariños y por demás respeto de quien lo conoce inclusive por primera vez.
Es autor de diversos datos aquí contenidos y un activo participante en este libro, contribuyendo con su información fresca y de primera fuente, los mismos que los confirma para darle real veracidad a la historia de los años aurorales de Brisas del Titicaca.
POLICARPO MIRANDA MESTAS
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Nació el 31 de diciembre de 1918, en el distrito de Vilquechico en la provincia de Huancané, estudió su educación primaria en el pueblo de Cojata, casado con doña Palmira Eulogia Morales Miranda, residente en la ciudad de Lima a partir del año 1956, cuando tenía 38 años de edad, de profesión comerciante, perteneció a la «Asociación de Artistas Folklóricos del Perú», músico por excelencia, dominaba la guitarra y el Charango.
En 1961 con varios amigos, todos músicos y naturales de Puno forman el Conjunto Musical Brisas del Titikaka, del cual fue su Director (1961-1966)., en los inicios de la vida institucional tuvo una intensa actividad a tal punto que brindó su casa del Jr. América Nº 649 Dpto. A. La Victoria, convertida en el local institucional para los ensayos y sesiones (1963-1967).
Integra la primera Junta Directiva del periodo 1966 a 1967 (Presidente Juan Carpio Mostajo) con el cargo de Director de Orquesta, Sub Director de Orquesta de 1967 a 1968 (Presidenta, Rosa Gutierrez Chávez). A partir de 1968 frecuentó muy poco a la institución por razones de trabajo, a partir de 1975 nuevamente viene a Brisas, a pesar de estar ya con la salud quebrantada, solía acompañar al Elenco de Danzas y al Grupo Orquestal en todas las presentaciones, llevando los instrumentos musicales en su auto Volswagen. En la época de crisis institucional cuando no se contaba con local entre 1979 a 1982, fue integrante de la Directiva con el cargo de Tesorero (Presidente Luis Arenas Lozada), los instrumentos musicales estuvieron bajo su custodia; el 1 de noviembre del año 1980 el Elenco de Danzas y el grupo musical son invitados al aniversario de la ciudad de Huaral, al momento de abordar un taxi, mientras fue a cerrar la puerta de su casa, el taxista fugó con los ocho instrumentos.
Será recordado como uno de los fundadores de «Brisas del Titikaka», el líder institucional, muchos lo recordamos como el «Tío Poli», «Papay», apelativos que cariñosamente los aceptaba. Falleció en Lima el año de 1984.
ANTONIO ONTIVEROS LUNA
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César Antonio Ontiveros Luna.
Nació en la ciudad de Huancané.
Residente en la ciudad de Lima desde finales de la década del 50, en la época en que se organiza Brisas él era estudiante de Derecho de la Universidad San Marcos, a la vez que también ejercía la función de secretario del Senador por Puno Enrique Torres Belón, en el congreso de la República.
En 1961 junto a otros cinco músicos todos puneños, en su habitación de estudiante del Jr. Gamarra 920 La Victoria, se gestó Brisas del Titikaka, donde de ser fundador, deviene en uno de sus principales promotores.
A pesar de no ser músico, por su entusiasmo y amor a la tierra que lo vio nacer pasó su nombre a la posteridad, como uno de los primeros protagonistas de la institución.
Su inquietud y entusiasmo hace que proporcione su autito marrón policromado del año 1950, a disposición del Conjunto Musical, en él llevaba a los integrantes del conjunto a todas sus presentaciones en público, así como a las serenatas que se programaban generalmente los fines de semana, después de los acostumbrados ensayos artísticos.
Al concluir sus estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de San Marcos y luego recibirse de Abogado, ya como profesional en funciones, se traslada a Juliaca donde fija su residencia y ejerce su profesión por varios años entre Juliaca y Puno, asumiendo en esos lugares diversas labores y actividades de reconocida providad.
Murió entre los años 1980-1985
TOMMY SARDON BACARREZA
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Tommy Felipe Sardón Bacarreza.
Nació el 29 de diciembre de 1917 en el distrito de Cojata, Provincia de Huancané en Puno.
Las impresiones que impactaron en su infancia son imborrable las llevó consigo toda su existencia, después de su progenitora, ubicaba a la madre tierra que lo viera nacer, decía, «donde quiera que nos encontremos la recordaremos siempre»
El cerro Q’ala Q’umo de Cojata fue un lugar de gratas reuniones de amigos, símbolo de esa gélida tierra y fuente de inspiración de compositores y poetas; Q’ala Q’umo en aymara significa piedra encorvada.
Casado con doña Luisa Abarca Palacios, perteneció al Club de Tito de Cojata, músico por excelencia, tocaba la mandolina y el violín, residente en la ciudad de Lima desde el año 1957 cuando tenía 40 años, domiciliado en la Av. Lima Nº 125, en Chorrillos, fue servidor y dirigente sindical de la oficina matriz del Banco Agropecuario en Lima.
Funda el «Conjunto Musical Brisas del Titikaka», integró la primera Junta Directiva de 1966-1967, bajo la Presidencia de Juan Carpio Mostajo ejerció el cargo de Sub-Director de Orquesta, integró la estudiantina hasta 1970, epoca en que difunde huayños cargados de recuerdos y nostalgia hacia su tierra.
A partir de 1972 visitó el local institucional con mayor frecuencia, los fines de semana solía invitar a sus amigos del Banco para pasar momentos de distracción.
En 1996 durante la gestión Presidencial de Dino Arenas Lozada, la Asamblea General lo reconoce y es proclamado como Asociado Honorario de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, por ser uno de los dos sobrevivientes del grupo fundador.
Dejó de existir el 15 de agosto de 2005.
JORGE ROJAS GIRONDA
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Jorge Rojas Gironda.
Juliaqueño de nacimiento.
Gran músico, dominaba la guitarra y la mandolina, Sastre de profesión, su residencia estaba en el Jr. Tarata 564 int. 8 en Barrios Altos.
Formó parte del grupo desde su fundación y luego en la estudiantina de la institución hasta 1970 aproximadamente.
Muy cariñoso y respetuoso con la familia briseña, sus encuentros con los socios de la institución era con los brazos abiertos, su trato era en diminutivo, muy puntual para cualquier actuación de la institución; su fuerte era dar serenatas era el primero en llegar a ellas, las que terminaban en su casa o en casa de su sobrina la señora Bertha Rojas, pariente de nuestro consocio Miguel Biamón Rojas, dos razones para el apelativo de «Tío Rojitas», hecho que lo tomaba con mucha humildad y aprecio.
En todo el tiempo que estuvo en Brisas se ganó el cariño de toda la «muchachada» de aquel entonces, ya que se hizo tan popular por el sobrenombre de «Tio Rojitas» no solo porque era tio de una «chicas» muy alegres y simpáticas que concurrían entonces a Brisas, sino porque luego de cada ensayo o serenata, la gente siempre insinuaba en rematar en su casa de Barrios Altos, donde con gusto y mayor cariño recibía a los amigos compartiendo la alegría hasta el día siguiente; téngase en cuenta que era la costumbre ensayar los días sábados hasta cierta hora, luego se sugería a quién hay que darle la serenata, y si esta concluía temprano había que rematar en algún lugar, esperando que sea el día domingo y la casa del «tio» siempre estaba dispuesta.
Su entusiasmo y don de gentes le dio la oportunidad de ganarse la amistad y cariño de todos los briseños de todos los tiempos.
MANUEL CALDERON
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Manuel Calderón .
Nacido en Yunguyo.
Inquieto promotor de la amistad y el compañerismo, ha participado del primer grupo de música desde 1961 por lo tanto es considerado como uno de los 6 fundadores de Brisas del Titicaca en 1961, como músico se integró interpretando la mandolina participó en la agrupación desde 1961 a 1965.
Fue miembro de la Guardia Civil, hoy Policía Nacional, muy entusiasta y querendón de la tierra de su procedencia, nunca faltaba a los ensayos, desde los inicios en el cuartito de Ontiveros, estaba presente casi siempre más temprano que todos; se regocijaba con las innumerables serenatas que tenían por finalidad de atraer el mayor número de codepartamentanos; su calidad de Policía garantizaba seguridad, cuando en altas horas de la noche, había que trasladarse de uno a otro extremo de la ciudad, a veces poco ecuánimes.
En los primeros años de la actividad institucional y por su trabajo en el distrito de la Victoria, era asiduo asistente a todas las reuniones, pero por motivo de cambio de su lugar de trabajo se alejó de Brisas del Titicaca en los primeros años y no se ha tenido contacto ni referencias de él hasta el día de hoy.
Todos ellos son los verdaderos «Fundadores» de Brisas del Titicaca, sin embargo ha tenido que pasar mucho tiempo para que salieran de la bruma del olvido en que estuvieron, gracias a inquietas personas que se «preocuparon» que la ignominia del tiempo no los deje postergados; y estas líneas son una contribución esencial ad portas de cumplir cincuenta años de aquellos aurorales tiempos, en que su cariño a la tierra puneña, los impulsó a tomar la iniciativa que concluye en una institución impresindiblemente necesaria, para la difusión de la cultura puneña, en todas sus manifestaciones.
EL PRIMER LOCAL DE REUNIONES
El primer local de reuniones que tenía el grupo los días sábados de 1961, fue una pequeña y sencilla habitación del entonces estudiante de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el joven Antonio Ontiveros Luna, ubicada en el segundo piso del Jr. Gamarra 920, en el distrito de La Victoria. Es en esta humilde habitación donde se sienta la partida de nacimiento de Brisas del Titikaka.
Antonio Ontiveros paralelamente a sus estudios, ejercía sus labores de Secretario del Dr. Enrique Torres Belón, entonces Senador por Puno durante el gobierno de Manuel Prado.
La participación del Conjunto se hizo frecuente en diversas reuniones, así como en las serenatas que acostumbraron a ofrecer a los amigos, puneños, asociados y simpatizantes, los días sábados después de los ensayos; actuaban por «amor al arte» y a Puno; nadie solventó sus gastos desde 1961 a 1967; una de sus primeras actuaciones en público se realizó con ocasión de la llegada a Lima de la Primera Embajada Folklórica de Puno, de música y danzas que presidía el Instituto Americano de Arte de Puno a cargo del Dr. Enrique Cuentas Ormachea, durante el homenaje y agasajo del miércoles 8 de agosto de 1962 que la «Central de Instituciones Puneñas» le ofreció en su local de la cuadra 4 del Jr. Puno (antiguo local de la ANEA), después del cuarto día de su exitosa presentación en el Teatro Segura de Lima; las diversas notas periodísticas de Agosto de 1962 de esta importante actuación artística y folklórica, son reproducidas en páginas anteriores, donde se trata el tema de presencia puneña en Lima; en una de esas notas se menciona al poeta y políglota Juan Villalba, quien representaba a Brisas del Titicaca, sin embargo en el texto de la nota no se nombra al conjunto musical por ser entonces poco conocido.
Es decir, antes del 4 de noviembre de 1962, en que hoy es considerado «oficialmente» como su fecha de nacimiento, Brisas del Titicaca ya existía como agrupación musical y con nombre propio, en plena actividad artística.
En noviembre de 1962, después de casi un año de reuniones y ensayos, optan por darle un nombre a este grupo musical en formación, hubieron varias propuestas, como Centro Musical Puno, Estudiantina Altiplano, Conjunto Musical Collao, Cuerdas del Altiplano y otras, hasta que el joven, casi adolescente, Armando Azcuña Niño de Guzmán propone que se denomine, «Conjunto Musical Brisas del Titikaka», que luego de haberse sometido a un amplio debate, se aprobó por unanimidad darle este nombre; y Titikaka con «k» por ser una expresión aymará hecho que para confirmarlo se recurrió al diccionario de Ludovico Bertonio,(2) un grueso volumen con pasta de cuero de oveja, que obraba en poder de Policarpo Miranda, desde sus años de residencia en Puno.
Es así como el cuartito del estudiante Ontiveros fue el mudo testigo de esta designación, nombre que perdurará por siempre mientras subsista como institución al servicio de la cultura peruana y preferentemente puneña.
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Local del Jr. Sebastian Barranca 827 en el distrito de La Victoria, donde los puneños realizaban una intensa actividad en los años 60 del siglo pasado.
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Cuarto Local:
Av. Paseo de la República 260, enelcentro de Lima, local de la Federación Nacional de Educadores, facilitado para la institución para sus sesiones y actividades realizadas durante la Presidencia de la Dr. Rosa Gutierrez, quien era dirigente magisterial entonces.
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Local de la Asociación de Empleados Privados
en la Av. Colmena 253, donde en mayo de 1968 Brisas del Titicaca realizó una Asamblea y donde en junio del mismo año fue elegido como tercer Presidente, Don Carlos Cano Pinazo
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Quinto Local: Jr. Juan Castro 170, LaVictoria, primer local que tiene el caracter de Alquilado, en este caso el Sr. Carlos Cano Pizano, siendo Presidente del Centro Musical, alquila este local pagando la merced conductiva de los primeros seis meses con su propio peculio, pago que posteriormente es asumido por la Directiva; fue utilizado desde julio de 1968, hasta agosto de 1970.
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Tercer Local:
Jr. de la Unión 1033 segundo piso, Lima; local del Frente Sindical Clasista , cedido por sus dirigentes para las reuniones del Consejo Directivo y asambleas del ya formalizado Centro Musical Brisas del Titikaka y que fue usado durante el año 1966 y parte de 1967, por gentión del Prof. Juan Carpio Mostajo.
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Octavo Local
Av. Santa Cruz 320, donde desde 1972 y durante 8 años se realiza intensa actividad cultural, hasta que la instituciòn es desalojada mediante un juicio de desaucio.
BRISAS CAMPEON DEL HUAYÑO EN 1969
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BRISAS CAMPEÓN DEL HUAYÑO
Una de las presentaciones más recordadas y de enorme importancia para la institución, fue la realizada como consecuencia de la invitación recibida de parte de la Casa de la Cultura, para que Brisas participe en el PRIMER FESTIVAL DEL HUAYÑO, que convocó a instituciones folklóricas de diferentes departamentos radicados en Lima.
El organizador de este certamen en nombre de la Casa del Cultura fue Josafat Roel Pineda, destacado estudioso del folklore peruano, quien tuvo la gentileza de oficiar a la institución, con el objeto de invitarla a que inscriba su participación en este Festival, por ser la única institución de puneños en Lima que formal y organizadamente contaba con un grupo de danzas.
Aceptada la invitación, la participación de Brisas del Titicaca fue con las dos únicas danzas con que se contaba, La Marinera y Pandilla Puneña y la Llamerada. El entusiasmo entre los directivos, y más aun entre los danzarines y los músicos fue desbordante, los ensayos se intensificaron con mayor ahínco, cuanto más se acercaba la fecha del certamen, los ensayos se realizaron casi todos los días, había que reivindicar la presencia de Puno en los escenarios de Lima, se tenía muy presente que en una anterior oportunidad, en 1966, se había escapado de las manos un primer puesto.
El Festival se realizó el 16 de junio de 1969 en el Coliseo del Puente del Ejercito, con un lleno total de público, que en su gran mayoría habría sido la primera vez que veía en directo, esta hermosa y elegante pandilla, cuya variada coreografía dirigida por el bastonero Gustavo Ames que a la voz de ¡aura!, la hacía más entusiasta, danza que al cambio de los pasos, cuando exhibía un nuevo movimiento o una nueva figura coreográfica, levantaba la algarabía y la aclamación del público, hecho que contribuyó en gran forma para que el jurado los califica en primer lugar; a lo que también contribuyó la elegante y enérgica coreografía desarrollada en la interpretación de «La Llamerada».
Es así que la institución obtuvo el primer puesto en este concurso de danzas, para el jolgorio y la alegría de los directivos y los artistas, que en su momento posaron orgullosos, para tomarse las respecticas fotografías del recuerdo, que luego de reunirlas, aquí se publican.
La ceremonia de premiación se realizó el 27 de junio de 1969 en el Teatro Municipal de Lima, con la presencia de diversas agrupaciones, en esta ocasión Brisas participó solo con la Marinera y Pandilla Puneña; hay que tomar en cuenta que en aquellos años el sueño de todo artista era actuar en el primer escenario del Perú, como era el Teatro Municipal y con esta actuación uno de los más grandes sueños en nombre de Puno, se había cumplido con mucha emoción y alegría.
Por ese triunfo Brisas del Titicaca recibió un enorme trofeo de plata, parecido a una gran copa, el que siempre se estuvo exhibiendo en los diversos locales que tuvo la institución hasta el local de la Av. Santa Cruz, de donde fue desalojada; quizá algún día se vuelva a ver ese hermoso trofeo, gracias a que alguna persona lo devuelva, ya que se la habría llevado para «guardarlo» o con el objeto de cuidarlo.
A la institución este triunfo le significó alcanzar un mayor prestigio, motivó que muchos más puneños se acercaran a Brisas del Titicaca y deseen ser socios, los medios de comunicación le dieron mayor interés, fueron invitados a diversas actuaciones publicas y los socios asumieron mayor empeño en la difusión de nuestras manifestaciones culturales. Entonces con ello se había asumido una madures institucional, donde tanto directivos, artistas y demás socios en forma conjunta emprendieron la tarea de lograr una mejor representación de la comunidad puneña en Lima, siendo cada vez más popular y de amplia convocatoria.
Las fotos que se reproducen muestran el desempeño de los danzarines en los escenarios del Coliseo del Puente del Ejército como del Teatro Municipal, en ellas se ve el entusiasmo y la entrega demostrados por los integrantes de ese elenco.
ALGUNAS EDICIONES DE LA REVISTA ASWAN QHARI, DONDE SE CUENTA SOBRE LOS INICIOS DE BRISAS DEL TITICACA
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Aswan Qhari Nº 13
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Aswan Qhari Nº 14
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Aswan Qhari Nº 15
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Aswan Qhari Nº 16
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Aswan Qhari Nº 17
 
UN LIBRO SOBRE LOS ORIGENES DE BRISAS DEL TITICACA Y LOS PUNEÑOS EN LIMA
ADQUIERELO YA ESTA EN VENTA
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Una edición de formato grande, con 400 páginas enblanco y negro conteniendo amplia información, reproducción de documentos originales, publicaciones periodísticas, cartas, oficios, citaciones, gran número de fotografías, con algunas páginas interiores a colores y empaste con sobrecubierta a todocolor y cuyo formato es de 17x24 cm.
En sus anexos se reproducen documentos de mucha importancia para la historia de la presencia de los puneños en Lima.
Es el único trabajo que luego de más de 10 años de intensa investigación sobre el tema de la presencia de los puneños en Lima, finalmente sale a luz, para el deleite de quienes admiran la cultura de Puno.
Su título es:
EL ORIGEN DE BRISAS DEL TITICACA.
Historia Documentada 1961-1972 y Los Puneños en Lima... en aquel tiempo.
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Según Nelson Manrique, lograr que la historia escrita refleje la realidad es un reto con amplias dificultades. “El poder siempre va a tratar de reescribir la historia en función en de sus propios intereses. Al final, la investigación histórica es un espacio de lucha por preservar la memoria. Parte de lo que se debe afrontar es ese vacío de memoria histórica que debe proyectarnos al futuro. Porque un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”. Vale la pena empezar, por lo menos, a intentar. (Claudia Blanco en “Hildebrandt en sus trece” Nº 90, p.19 y ss. 19/01/12)
Asi pues, el trabajo de larga investigación que concluye en este libro, rectifica y corrige los errores o deficiencias cometidos por algunas personas que hasta el momento aun sostienen una versión errada acerca de los orígenes de Brisas del Titicaca, en estas páginas se pasa a confirmar la verdad histórica, recurriendo a la amplia documentación que se ha logrado acopiar, una excelente fuente de información y además de contar con la participación directa de uno de los protagonistas de la fundación de Brisas, el único en vida, lo que da a este trabajo un valor agregado y de primera fuente.
Es resultado de la preocupación asumida desde los inicios de los años 90 pasados por Bruno Ismael Medina Enríquez, director de la Revista Aswan Qhari1, hacer conocer la real historia de Brisas del Titicaca, que le ha permitido efectuar su larga investigación y como consecuencia de ella, realizar varias publicaciones sobre el tema en la referida revista.
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EL ORIGEN DE BRISAS DEL TITICACA
HISTORIA DOCUMENTADA
1961 - 1972 Y LOS PUNEÑOS EN LIMA EN AQUEL TIEMPO
 
EN HOMENAJE AL
50 ANIVERSARIO DE LA FUNDACION DE LA ASOCIACION CULTURA BRISAS DEL TITICACA
 
PRESENTACION Y NOTAS INTRODUCTORIAS
En Homenaje al 50 Aniversario de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, que se cumple en 2012, se publicara el Libro “El Origen de Brisas del Titicaca”; cuyos textos introductorios son reproducidos a continuación:

INTRODUCCION

La presente edición del libro “El Origen de Brisas del Titicaca, Historia Documentada 1961-1972, y Los Puneños en Lima en aquél tiempo”; se hace sumamente necesaria, en razón de que la historia de una de las más importantes instituciones provincianas en Lima, como es la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, nacida en 1961, hace más de 50 años, no es certera y veridicamente conocida. Sobre sus orígenes y sus años aurorales se tejen diversas especulaciones, las más antojadizas, con versiones que sólo se tienen como referencia la memoria de quienes han ido incorporándose a partir de 1967 – 68, muchas de esas versiones tienen el tinte de resaltar el ego personal, algunos, aunque protagonistas, pretenden resaltar su presencia y satisfacer sus preferencias, a la que tienen derecho, pero esas versiones no son necesariamente ajustadas a la verdad. Se han contado y escrito versiones personales solo con la ayuda de alguna documentación posterior a 1968, ya que a falta de la documentación sustentatoria, se apeló a la ayuda de la memoria, que por cierto no necesariamente es precisa en fechas y datos. Sin embargo hay quienes aun arguyen que para redactar la historia que aquí se cuenta, habia que haber estado presente en ella o ser su protagonista, lo cual llevaría a concluir erroneamente que, habría que desautorizar a don Jorge Basadre, por contar la historia de la República, en vista que él no ha vivido en el siglo XIX.
Según Nelson Manrique, lograr que la historia escrita refleje la realidad es un reto con amplias dificultades. “El poder siempre va a tratar de reescribir la historia en función en de sus propios intereses. Al final, la investigación histórica es un espacio de lucha por preservar la memoria. Parte de lo que se debe afrontar es ese vacío de memoria histórica que debe proyectarnos al futuro. Porque un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”. Vale la pena empezar, por lo menos, a intentar. (Claudia Blanco en “Hildebrandt en sus trece” Nº 90, p.19 y ss. 19/01/12)
Asi pues, el trabajo de larga investigación que concluye en este libro, rectifica y corrige los errores o deficiencias cometidos por algunas personas que hasta el momento aun sostienen una versión errada acerca de los orígenes de Brisas del Titicaca, en estas páginas se pasa a confirmar la verdad histórica, recurriendo a la amplia documentación que se ha logrado acopiar, una excelente fuente de información y además de contar con la participación directa de uno de los protagonistas de la fundación de Brisas, el único en vida, lo que da a este trabajo un valor agregado y de primera fuente.
Es resultado de la preocupación asumida desde los inicios de los años 90 pasados por Bruno Ismael Medina Enríquez, director de la Revista Aswan Qhari1, hacer conocer la real historia de Brisas del Titicaca, que le ha permitido efectuar su larga investigación y como consecuencia de ella, realizar varias publicaciones sobre el tema en la referida revista, donde inicialmente en noviembre de 1993 publicó un primer artículo titulado «Apuntes para escribir la historia de Brisas», escrito por Gustavo Ames, gracias a la iniciativa del director de la Revista Aswan Qhari; luego publicó otros textos sobre el tema en los números 8 y 11 de la revista y por espacio de más de dos años entre 1997 y 1999, en sucesivas ediciones 13, 14, 15, 16 y 17, publicó diversos artículos con el nombre genérico de «Referencias evidentes de la Fundación de Brisas del Titicaca», textos básicos escritos por ocho iniciales protagonistas, aunque el redactor principal de los artículos fue el profesor Juan Carpio Mostajo; esta versión es considerada la más trascendente y documentada, ya que allí se hace conocer inéditos documentos, verídicos y fehacientemente comprobables, así como fotografías de las diversas actividades realizadas en los primeros años de la existencia de Brisas del Titicaca, siendo determinante la publicación en la edición Nº 14 de dicha revista, en Febrero de 1998, de una fotografía de 1962 -que hoy es profusamente exhibida- donde están los reales fundadores, prueba gráfica con la que quedó definitivamente confirmado el verdadero origen de la institución, hecho real que ya no pudo ser desmentido de ninguna forma, por algunos agoreros que aun insistían que Brisas del Titicaca se había «fundado» en 1968, con el señor Carlos Cano como Presidente de la institución. Textos básicos que han servido en demasia para la redacción del presente libro.
Como consecuencia de esas ediciones, los artículos publicados en dicha revista incentivaron a don Carlos Cano Pinazo y don Julio Monje Herrera, quienes motivados e inspirados por lo que se relatara en esos artículos, deciden escribir sus memorias en un libro que fue publicado por la Institución en agosto de 1999 con el título «Brisas del Titicaca. Apuntes sobre su Historia y Trayectoria Institucional»2, donde relatan algunos hechos de los inicios y de etapas posteriores a la génesis. Muy loable es la posición que asumen estos señores al reconocer que no son los fundadores sino, son continuadores de obras que otros puneños las empezaron, posición que la mencionan reiteradamente en dicho libro, especialmente en las páginas 118 y 129, haciendo referencia que en el año 1962 se conforma el Conjunto Musical Brisas del Titikaka en el domicilio de don «Policarpo Miranda Mestas» y que a partir de entonces hasta hoy como Asociación Cultural Brisas del Titicaca, es la misma institución; lo que sí hay que hacer notar es que en la parte inicial de su redacción dichos señores han hecho uso de gran parte del material publicado entonces en la Revista Aswan Qhari, sin mencionar la fuente ni la propiedad intelectual de lo anteriormente publicado.
Hay aun algunas personas, muy pocas por cierto, que conociendo o no estas publicaciones, continúan sosteniendo argumentos contrarios sin ninguna base ni fundamento.
En noviembre del 2003, durante la Presidencia de Helbert Rondón, la Vocalía de Investigación y Desarrollo de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, bajo la Dirección de Jorge Velazco, edita un libro de pasta negra, -por ello es que algunos lo llaman «el libro negro»- con el titulo «Brisas del Titicaca, Orígenes y Proceso, 1967-1986»3, del que en el cuarto párrafo de su página 7 se consigna que fue escrito por dicha Vocalía, hecho que trajo algunas contradicciones con sus verdaderos autores, (David Melendez, Manuel Cortez y Marcelo Bacigalupo); libro en el que se cometen innumerables e incalificables errores y falsedades respecto a los orígenes de la Institución y muchísimas otras inexactitudes de las que se encuentran más de 50 entre fechas, fotografías, datos acerca de los acontecimientos relatados, deformando por completo con ello, el verdadero proceso histórico de la Institución; utilizando una vez más material publicado en la Revista Aswan Qhari, sin hacer referencia de la fuente bibliográfica. Esos datos son esclarecidos con presición en capítulo aparte que se publica al final de este libro.
Para zanjar definitivamente los conceptos acerca de la verdadera historia sobre los orígenes de Brisas del Titicaca, en esta ocasión se recurre a la publicación de diversos documentos, la mayoría de los cuales fueron en su momento proporcionados para su publicación en la Revista Aswan Qhari, por el profesor Juan José Carpio Mostajo, su primer Presidente, hoy fallecido, como también por su familia; por el Sr. Armando Azcuña Niño de Guzmán, el único sobreviviente de los iniciales protagonistas del entonces naciente Conjunto Musical Brisas del Titikaka, que en sus inicios fue dirigido y presidido por don Policarpo Miranda Mestas, así como materiales que fueron proporcionados por Tommy Sardón Bacarreza y Salvador Guardia Silva.
Se incluyen también, documentos recopilados gracias a la acuciosa preocupación que diligentemente durante largas jornadas de investigación y busqueda, fueron encontrados en los archivos de los diarios «El Comercio» y «La Prensa» en la Biblioteca Nacional, tanto por Miguel Angel Montesinos Luján, como por Bruno Medina Enríquez quien además de recurrir a los archivos de ambos diarios, tambien recurre al diario «El Peruano», para luego utilizar en algunos casos programas de diseño gráfico en computadora, para reconstruir materiales deteriorados por el tiempo.
Finalmente se incluyen valiosos testimonios documentales que fueran recopilados con ocasión de las primeras publicaciones en la Revista Aswan Qhari, por su Director asi como otros materiales del archivo documentario que obran en poder de Bruno Medina, como son cartas, oficios, citaciones, tarjetas, fichas, fotografías, padrones, libros de actas, publicaciones de diarios de la época, todos estos documentos en originales y/o copias, certifican cómo han sido realmente los acontecimientos iniciales de Brisas del Titicaca y que al publicarlos hoy, contribuyen a esclarecer definitivamente la verdadera historia de Brisas del Titicaca, su origen, su nacimiento y su fundación.
Es en base a esta documentación y lo publicado en la mencionada revista, que se ha ido construyendo el texto del presente trabajo demostrando con ello, que el libro que publicó Bruno Medina Enríquez en el año 2001, con el título «Del Gran Cambio a la Consolidación Institucional»4 tiene los sustentos necesarios que confirman lo escrito allí, acerca de los años aurorales de Brisas del Titicaca. Libro que fundamentalmente trata de la historia institucional acontecida entre el año 1993 y el año 2001.
Cualquier otra versión diferente, queda desmentida, en vista de que los documentos publicados aquí, demuestran indubitablemente, lo acontecido en los diez años iniciales de Brisas del Titicaca y se ha tomado la alternativa de relatar la historia de esta etapa de diez años hasta 1972, porque en esa fecha se llega al local de la Av. Santa Cruz, donde concluye esta etapa de construcción inicial, para luego al pasar a ese nuevo local del distrito de Jesús María, donde se vive una nueva y hermosa etapa de relativo desarrollo, por varios años se alcanza un alto nivel en la organización, hasta que en 1979 la institución sufre un breve periodo de aletargamiento y pretendida desaparición, concluyendo esa etapa; aunque tiempo después -en 1982- se reconstituye nuevamente, cuando se asienta en el Jr. Wakulski y es desde entonces que se inicia un nuevo periodo de vida institucional, muy promisorio periodo que tambien origina por cierto, hasta tres etapas bien marcadas de desarrollo, (1982-1993, 1994-2001, 2002-2010), cada una con sus propias características y particularidades, por la forma en que se ha dirijido la institución en esas etapas de gestión diferenciadas claramente; sin embargo el recuento de esas etapas, deberá ser materia de nuevos estudios.
Al presentar esta obra que se ha optado en llamarla El Origen, porque la historia que se relata es la historia originaria de Brisas, ya que está profusamente documentada con materiales que realmente son de colección de la génesis institucional. Con este libro se espera contribuir a que se conozca la verdadera Historia Documentada de Brisas del Titicaca y sean desterradas por siempre las versiones antojadizas, verbales o escritas, acerca de los hechos, fechas, personajes, acciones y datos que el tiempo y la memoria los han tergiversado.
La redacción de este libro ha estado a cargo de Bruno Ismael Medina Enríquez, quien fue directivo de la Institución como Tesorero entre 1995 – 1997 y luego Vicepresidente entre los años 2000-2001, director de la Revista Aswan Qhari, donde publica por primera vez, las «Referencias Evidentes de la Fundación de Brisas del Titikaka» entre los años 1995 – 1999, es además autor del libro «Del Gran Cambio a la Consolidación Institucional», que trata acerca de una etapa muy significativa de diez años acontecida en la vida institucional, de cuando se inicia su desarrollo y alcanza su consolidación en la historia de Brisas del Titicaca.
En el presente trabajo se ha contando con la participación en la correccion y apoyo básico en cuanto a la información auroral de primera fuente con Armando Azcuña Niño de Guzmán, quien por ser uno de los fundadores de Brisas del Titikaka, estuvo en los orígenes a partir de 1961, Armando ha sio proclamado como Asociado Honorario en 1996, hoy es un activo promotor cultural.
En la elaboración de este trabajo también se ha contado con la colaboración de Miguel Angel Montesinos Luján, quien contribuyó en la búsqueda de información periodistica y su transcripción, como con algunos textos en base a las publicaciones de la revista Aswan Qhari, también contribuyó con algunos datos e información de primera fuente, ya que participó en Brisas desde cuando se incorporó como asociado el año 1968, participando hasta 1994 en que se retira de la institución, reincorporadose después en el año 2005, para luego ser designado Asociado Vitalicio en 2006; fue directivo entre los años 1968-1970, 1982-1984 y 2010-2011, integrante del elenco de danzas de la ACBT por 27 años hasta 1993, donde participaba como Torero.
Ellos han estado presentes, cada quien en su oportunidad y en su momento, en muchos hechos históricos de la institución y como protagonistas tienen la suficiente autoridad real, efectiva y moral, para relatar y confirmar la veracidad de los acontecimientos de la vida institucional, que aquí se historia.
Como preámbulo al tema central de este trabajo, se incluye en esta edición una nota introductoria que el amigo y periodista puneño Adolfo Huirse Cairo hace al título «Los Puneños en Lima… en aquel tiempo», asi como el texto completo, corregido, aumentado y actualizado de dicho libro, escrito por Bruno Medina y publicado en noviembre de 2008, ya que ambos textos tratan en realidad de los antecedentes de Brisas del Titicaca.
Antes de terminar esta nota introductoria es necesario reconocer por este medio, a quienes han contribuido generosamente con su aporte anónimo, material y moral, para que la publicación de este libro sea efectiva; muchos de ellos como conocedores de los verdaderos orígenes de la Asociación, estarán complacidos de que esta edición finalmente sea una realidad.
 
CONTIENE
Información, documentos, fotografias de la epoca hasta hoy inéditos
PUNO EN LIMA (por Adolfo Huirse Cairo)
 
Acucioso como él solo, Bruno Medina Enríquez nos presenta un esforzado trabajo de investigación sobre la presencia de los puneños en Lima que nos permite conocer, en la perspectiva del cercano siglo XX pero en el drama y casi inexorable de la marcha del tiempo, la extraordinaria tarea que cumplieron nuestros coterráneos en la capital de la República, muchos de los cuales, tal vez la gran mayoría, llegaron en las oleadas a que los empujaron las heladas y sequías tan temibles en nuestro altiplano.
¿Cuántos puneños llegaron a Lima a partir de 1950? Es muy difícil establecerlo. Baste saber que en los años 50 éramos el departamento más poblado del Perú, cuando la población nacional era de casi 8 millones de peruanos, tantos como la que hoy alberga solamente Lima.
Las estadísticas de los años 70 indicaban que éramos en Puno apenas unas cuantas decenas de miles por encima de los 600 mil, lo que nos indica que habría habido un éxodo de casi 400 mil puneños en aquellos años, no solo a Lima sino también a Tacna, Moquegua, por las minas, a Arequipa, Cusco, Ica y la capital.
Pueblo musical y dancístico por estirpe y por excelencia, su gente no pudo llegar a otros parajes sin llevar a cuestas sus inconmensurables manifestaciones culturales, tradicionales, en aspectos como la música y la danza, la pintura, el arte textil y hasta en la cerámica, cuando no en aspectos como la culinaria. Ni hablar de las fiestas tradicionales
El puneño, tal cual puntualiza Bruno en su estudio, vino con todo , entronizó en la capital a sus vírgenes y sus santos, trasladó sus fiestas tradicionales y le dio el empellón decisivo a las puertas capitalinas para que se introdujera el folklore andino en los grandes escenarios.
Bruno lo recuerda muy bien. El arribo de las múltiples embajadas folklóricas desde los años 30 hasta el golpe macizo del decenio de 1960 con la APAFIT y el Centro de Música y Danzas Theodoro Valcárcel.
Alguna vez sostuvimos que esas presentaciones, por espectaculares y por traer una sustantiva parte del bagaje de nuestras danzas y músicas, fue el punto de quiebre para que el Perú profundo ingresara triunfante en Lima a mostrarse tal cual.
Bruno también hace un recuento de las instituciones formadas por puneños en Lima en medio de lo cual debe tener, claro, un lugar personalísimo y meridiano la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, entidad que a lo largo de casi 50 años fue el crisol de todos los sectores puneños y que tuvo la virtud de darle a nuestras danzas la prestancia a que eran llamadas, sin ningún atisbo de chauvinismo. Fue el baúl donde comenzaron a atesorarse nuestras más bellas expresiones dancísticas.
Papel enorme el que cumplió Brisas del Titicaca en nombre de los puneños.
Y esto que yo le esté enfatizando en pretérito a esa tarea creo que deberá tener respuestas muy concretas si ese pretérito quisiera tornarse presente.
Este trabajo de Bruno Ismael nos ha proyectado al pasado reciente y a examinar cómo los puneños fuimos pioneros de una presencia provinciana en Lima no sólo a través de la música y la danza sino también por medio de las instituciones como ésta que hoy nos cobija.
Es bueno hacer memoria sobre estos acontecimientos y muy bien que se haya puesto en blanco y negro para que quede como historia de puneños.
Sin embargo, la oportunidad casi como que nos empuja a algunas pocas reflexiones sobre aspectos en los que hemos incidido mucho a lo largo de estos últimos 20 años en Lima.
Muy bien que los puneños hayamos sido pioneros en la capital. Pero, y ahora, ¿qué estamos haciendo? ¿Qué papel están cumpliendo los puneños y las instituciones de puneños en Lima?
Y quiero tocar apenas dos aspectos: la música y la danza.
Es cierto, Puno trajo a Lima sus embajadas folklóricas en los años 60 y deslumbró a la intelectualidad de la época. Hasta José María Arguedas, hombre de la sierra, profundo conocedor de la idiosincrasia del pueblo peruano, se conmovió al punto de haber ido hasta nuestra tierra para ver in situ si era verdad tanta belleza. Y volvió no solo más conmovido sino fascinado. Puno era mucho más de lo que habían llevado los pioneros a la capital.
¿Qué ha pasado desde entonces, qué estamos aportando hoy al enriquecimiento de ese enorme bagaje cultural que la estupenda y extraordinaria coreografía puneña, quechua y aymara, nos ha legado? Creo que es poco lo que tenemos que exhibir, ¿no es cierto?
Y en materia musical la cosa, creo, va peor.
Hace unas noches, un lunes, tuvimos un conversatorio en la Asociación Cultural La Candelaria sobre el presente y el futuro de la música criolla. El criterio unánime, con sesgos y matices, fue que algo grave ocurre con la música criolla. Alguien dijo que estaba en cuidados intensivos. Otros afirmaron que tenía respiración boca a boca. Y todos eran criollos de alta cepa.
¿Qué podemos decir de la música puneña? ¿Dónde está la nueva música puneña? ¿Dónde están los nuevos compositores? ¿También está nuestra música en cuidados intensivos?
Es cierto. Fuimos pioneros de la presencia musical provinciana en Lima, le abrimos las puertas de los grandes escenarios a las expresiones artísticas andinas, nuestra música fue muy bien ponderada entonces. Pero al tiempo, la música ayacuchana arrasó con todo, y luego vino la huanca, y la cusqueña, y la de la selva, en fin. ¿Y la música puneña?, tuntuneada, ensayada, entobada.
Entonces, hay hermanos muchísimo por hacer. Y aquí el papel de las instituciones es vital. Ya lo demostró Brisas en la década del 90 y alguna parte inicial de los años 2 mil.
Es tiempo entonces que luego de leer el libro de Bruno Medina meditemos en lo que de la historia artística del Perú nos toca a los puneños, cuál es nuestro papel proyectado hacia el futuro.
Muy bien que se nos refresque la memoria y nos haga ver en la perspectiva cuán valioso fue el puneño para el arte nacional. Eso es lo excelente de este trabajo, hecho con pasión, con acuciosidad que ya quisiéramos para nuestra propia profesión periodística. En hora buena, que este excelente compilación de hechos y datos sirva para samaquear nuestra memoria y nuestro espíritu a fin proyectarnos hacia el mañana, que de eso se trata, del futuro, del futuro de la música, la danza, las expresiones artísticas tradicionales y las instituciones puneñas en Lima.
Y también de los puneños.

(rogamos su opinión acerca de este material antes de su publicación definitiva en el libro que está en preparación)
Escríbenos a nuestro EMail. brunom180@hotmail.com
BIBLIOGRAFIA FUNDAMENTAL:
1 Bruno Medina Enriquez, Director de la REVISTA ASWAN QHARI. «REFERENCIAS EVIDENTES DE LA FUNDACION DE BRISAS DEL TITICACA». Autores: algunos protagonistas del origen de Brisas del Titikaka, Armando Azcuña Niño de Guzmán, Tommy Sardón Bacarreza, Humberto Miranda Montes de Oca, Salvador Guardia Silva, Ricardo Lenz Sánchez, Juan José Carpio Mostajo, y Miguel Angel Biamon Rojas, en una serie de cinco artículos sucesivos publicados en las ediciones del Nº 13 al Nº 17. Lima, Perú 1997-1999.
2 Carlos Cano Pinazo y Julio Monje Herrera. «BRISAS DEL TITICACA. APUNTES SOBRE SU HISTORIA Y TRAYECTORIA INSTITUCIONAL» Edición de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca. Lima Agosto 1999.
3 Comité de Investigación y Desarrollo de la ACBT. «BRISAS DEL TITICACA, ORÍGENES Y PROCESO, 1967-1986», Edición de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca. Lima Noviembre 2003
4 Bruno Ismael Medina Enriquez. «DEL GRAN CAMBIO A LA CONSOLIDACIÓN INSTITUCIONAL. ETAPA DE DESARROLLO» Biblioteca Puno, Serie: Historia. Edición de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca. Lima, Diciembre 2001. 400 pG.
Los Puneños en Lima en Aquel Tiempo...
(1) Este trabajo fue publicado por el diario Los Andes de Puno, en su edición Dominical del 24 de febrero del 2008, luego que fue ampliado incluyendo imágenes y anexos es publicado en el libro, «LOS PUNEÑOS EN LIMA... EN AQUEL TIEMPO» 1ra. Edición Aswan Qhari, Lima 2008

ESTA VERSIÓN ES MEJOR AMPLIADA Y MAS COMPLETA CON NUEVOS DATOS Y MAYORES APORTES SOBRE LA PRESENCIA DE LOS UNEÑOS EN LIMA.
Un trabajo de mayor embergadura sobre los puneños en Lima en otros campos del quehacer humano está en preparación, su título "CUANDO LAS AGUAS DEL TITICACA INUNDARON LIMA"
Los Puneños en Lima en aquél tiempo...(1)


En aquel tiempo...
... «y dijo Jesús a sus discípulos, creced y multiplicaos», «id por el mundo a difundir mi doctrina», parafraseando esos textos bíblicos los puneños a donde van en busca de un mundo mejor, allá llevan en su equipaje de sueños, sus tradiciones y sus modos de vida. En ese entendimiento, tratamos en este trabajo acerca de la presencia de los puneños en Lima, en lo que respecta a sus más representadas identidades y tradiciones: la música y las danzas, valores que siempre cargan en la espalda, cual «qhepi» de esperanzas.
Como toda la cultura andina, desde que el Perú se hizo independiente de España, en este caso la cultura musical puneña, poco o nada tuvo de presencia alguna en la hoy cosmópolis de Lima. Es recién en las primeras décadas del siglo XX en que se dieron ligeros atisbos de alguna presencia particular, en este caso el primero en lograr esa presencia de «nuestra música» fue Theodoro Valcárcel, el más representativo de los músicos puneños, quien, a pesar de ser un músico académico, incluyó en sus creaciones temas populares captados del archivo oral del sector campesino de Puno.
Valcárcel, nacido en 1900, a los 14 años viajó a Italia a estudiar en el Conservatorio de Milán, luego se trasladó a España donde continuó sus estudios musicales ofreciendo conciertos en Barcelona, en París, así como en otras capitales europeas. De regreso a Lima en 1939, es nombrado Jefe del Gabinete de Música del Museo Nacional, pero su prolija obra se ve truncada muy temprano, porque fallece a los 42 años, dejándonos una numerosísima muestra de composiciones entre las que destacan el ballet «Suray Surita», «Suite Incaica» y «Kachampfa», composiciones para orquesta conocidas especialmente en los medios académicos. Valcárcel exhibe escasas piezas de carácter popular o de masiva difusión, aunque es destacable considerar que en 1928 el artista obtuvo un meritorio primer premio en el festival que se realizara en la Pampa de Amancaes, donde cada 24 de junio todo Lima se volcaba al jolgorio de la festividad popular que allí se realizaba con motivo del «Día del Indio».
Un destacado compositor puneño que tuvo «presencia popular» en Lima fue don Rosendo Huirse Muñoz, de quien es el famoso tema musical «El Picaflor» (quisiera ser picaflor / y que tu fueras clavel / para chuparte la miel/ del capullo...) popular canción interpretada y grabada por diversos cantantes y conjuntos no puneños, y que algunos todavía la consideran ‘de origen cusqueño’; también es autor del tema «Paja Brava» con el que ganó un destacado primer lugar en el Concurso Nacional de Música Vernacular realizado en Lima en 1940, evento auspiciado entonces por el restaurante «La Cabaña».
Otro notable músico puneño fue Alberto Rivarola Miranda quien en 1943 obtuvo un meritorio segundo premio en el Concurso Nacional de Folklore Indígena, también organizado por «La Cabaña», con el huayño «Kitula jampi Sarastua», tema que también tiene el nombre de «Me voy con mi paloma», del que también es autor Rosendo Huirse y que en ese tiempo fue grabado en Buenos Aires.
Muy destacada, si no es la mejor, fue la presencia en Lima de Jorge Huirse Reyes, hijo de don Rosendo Huirse Muñoz y María Reyes, quien desde muy joven trabajó de pianista, formándose musicalmente junto a su padre y al lado del pianista Genaro González, frecuentando regularmente el Orfeón Cloret del Templo Matriz de Cocachacra en Lima, donde con el musicólogo Juan Sierra, se perfeccionaría en ritmo y cuadratura.
Vista su talentosa capacidad musical, en 1940, a gestión de su padre, el gobierno de Manuel Prado Ugarteche le otorgó una beca para seguir estudios de música en Buenos Aires, donde ingresa a la Escuela Superior de Música, para luego de graduarse como Director de música ligera y orquestación, se queda a trabajar por más de 16 años en la capital argentina, formando parte de la orquesta de don Rodolfo Coltrinari, así como del Quinteto Típico con destacados músicos argentinos, con ellos difunde con mucho ahínco la música peruana y en especial la puneña. A decir de Américo Valencia Chacón en su libro «Música Clásica Puneña» (Puno, 2006. Pág. 193) (3), Jorge Huirse Reyes realiza su primera grabación en 1942, en un disco de carbón de 78 RPM en el sello RCA Víctor, con el huayño «Los Carnavales» un tema a ritmo de huayño original de su padre, que obtuvo un segundo lugar en un concurso que para buscar el himno del carnaval había organizado en 1938 la Municipalidad de Lima, y que él luego de hacerle los arreglos musicales, lo denominó «Andesiana N° 3»; en realidad la grabación fue realizada en el sello ODEÓN de Argentina, en la que participó el entonces joven boliviano Jaime Torres. La grabación tuvo mucha popularidad en toda América, ya que una radioemisora de Nueva York la convirtió en la característica musical de un programa dedicado a Latinoamérica, hecho que inmediatamente motivó al sello Odeón grabar con Huirse y el Quinteto Típico, el tema de su Padre «Paja Brava», que había sido ganador de un concurso de música popular en Lima en 1940. A partir de entonces Jorge Huirse se preocupó con fruición en apoyar a músicos y cantantes peruanos. Fue el primero en grabar en Argentina con Jesús Vásquez, Los Morochucos, Los Trovadores (Enrique Muñoz y Javier Gonzáles); y otros cantantes peruanos y argentinos, con quienes graba muchísimos temas musicales peruanos. Los Morochucos. Luis Sifuentes, Augusto Ego Aguirre y Oscar Avilés, llegan a Buenos Aires en 1945, luego de varios meses allí, firman un contrato con la casa Odeón por un año para grabar 10 discos de 78 RPM con el acompañamiento de Jorge Huirse; Luis Sifuentes falleció en Buenos Aires en mayo de 1946. A partir de estos trabajos, Huirse comienza a ser catalogado como el mejor arreglista y director de orquesta de la música popular peruana de todos los tiempos.
En el año 1945, es convocado por la Sra. Eva Duarte de Perón para dirigir la Orquesta estable del Teatro Colón, en el programa «Concierto para las Américas»; año en que ingresó al Gabinete de Musicología de Buenos Aires, donde obtuvo gran prestigio como pianista, compositor y arreglista, dentro de los más importantes círculos musicales de esa ciudad.
En la discografía de Jorge Huirse hoy hemos registrado hasta 14 discos de larga duración; de los más de 150 temas de música peruana grabados, la gran mayoría valses así como temas puneños y andinos, todos muy populares. Ahí cabe el valor de Jorge Huirse, como gran difusor de nuestra música en tiempos en que no era muy considerada, aparte de la excelente calidad de la orquestación y la dirección musical de sus grabaciones, calidad musical en la música peruana que no ha sido aun superado por otro músico puneño, ni peruano.
Por ejemplo, «Balseros del Titicaca» es un tema original de su padre y que fue grabado con su Orquesta Típica en 1942, luego comprendido en el Disco LP «Melodías del Perú Profundo»; luego en 1944 lo graba con Orquesta de Cámara y la voz del cantante Argentino Juan Carlos Miranda, (Disco LP «Hace Tiempo»), ambos grabados en Buenos Aires; luego en Lima, en 1963, vuelve a grabarlo con la Orquesta de Cámara de Sono Radio y la voz de Wara Wara (Disco LP «Mi Perú», donde no aparece como Director); finalmente este tema es grabado en el año 1974 en el sello CBS, pero por el Grupo Urubamba y la producción de Paúl Simon, elevando con ello a la música del altiplano a la vanguardia de la música andina en todos los tiempos, donde en la quena el joven Uña Ramos le da un profundo sentimiento a las notas de este tema, que en esta grabación toma el nombre de «Kacharpari»; finalmente este es un tema subliminado en la grabación que realizara la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil bajo la conducción del maestro Wilfredo Tarazona en el año 2006, con el auspicio del Gobierno Regional de Puno. Lo que se repite en otros muchísimos bellos temas puneños de su autoría y de otros autores, que ha musicalizado para orquesta y ha dejado grabados para la posteridad. Algo compartimos con Don Jorge, quien concluye sus días en su residencia de la Av. Arequipa 435 en Lima, un 11 de diciembre de 1992, bajo el cuidado de doña Martha Zelarayán Jerez, su esposa.
Otro destacado músico puneño de reconocida categoría en esos tiempos, fue Víctor Echave Cabrera, quien ofreció numerosos conciertos en Lima, en 1936 junto a su familia de músicos emprendió una gira regional ofreciendo diversos conciertos donde se interpretaba música popular y académica en las ciudades de La Paz, Buenos Aires y Santiago de Chile. En 1944 se presenta en Radio Nacional del Perú interpretando piezas musicales puneñas, de músicos clásicos así como sus propias creaciones musicales que él llamó «peruvianas». Víctor Echave es el creador de la «Guitarrófona» o «Echavina», una guitarra de dos trastes que tenía 17 cuerdas.
Con ocasión de celebrarse el Cuarto Centenario de la Fundación de Lima en 1935, se organizó un programa muy especial con la presencia de muchos grupos de artistas de todo el Perú, en esa ocasión llegó a la ciudad capital, la Sociedad Intelectual Orkopata para presentar el drama quechua «Tucuipac Munashcan» del dramaturgo puneño Inocencio Mamani. La Sociedad vino acompañada del conjunto «Orq’opata» de sikuris del puneño Barrio Mañazo, interpretando diversa música campesina con instrumentos nativos de viento y percusión. En la misma delegación también estuvo el Conjunto Obrero Masías de Arte Vernacular, grupo musical de cuerdas(2). Este conjunto dirigido por don Víctor Masías, había estado en Lima un año antes participando en el Festival de la Pampa de Amancaes, presentando la Pandilla Puneña.
En 1939 el Conjunto Qhantati Ururi de Conima, conjunto de instrumentos nativos, fundado en Conima en abril de 1928(*) bajo la dirección de Natalio Calderón Fuentes, por primera vez viaja a Lima con una delegación de 36 personas, presentándose en el Touring Automóvil Club del Perú y en otros escenarios, culminando el viaje con una visita a Palacio de Gobierno donde recibe una Medalla de Oro como premio a su calidad.
En ese tiempo a Lima escasamente llegaban agrupaciones artísticas puneñas, alguna vez aisladamente llegó una que otra delegación de algún centro educativo o de una comunidad campesina, especialmente a invitación del Ministerio de Educación o de la Presidencia de la República, hechos que muy poco le interesaban entonces a los medios de comunicación de la capital.
En los años 50.
En la década del 50 la mayoría de puneños en Lima se vinculaban entre sí por medio de actividades laborales, comerciales y sociales, muchas de las cuales están testimoniadas en diversas publicaciones, como versiones directas de protagonistas coterráneos de aquellas actividades, a las que hemos recurrido y que constituyen el testimonio del intenso trabajo que se desarrollaba con el afán de revalorizar la cultura puneña, en especial la música, y aunque no lograron plasmarla en testimonios de grabaciones musicales, si queda la gran experiencia acumulada en los años, que hoy hace de la presencia puneña una significativa y numerosa colonia que ha impuesto en la Capital de la República, sus modos de vida, costumbres, tradiciones, su cultura y en especial sus manifestaciones tradicionales de música y danza.
Pero también fue necesaria la presencia de delegaciones artísticas que llegarían a Lima en diversos momentos a difundir nuestra cultura; en ese marco es digno de recordar a la Compañía Folklórica del Altiplano, que fuera presidida por Hugo G. Saravia Pacoricona, (que se quedaría en Lima a partir de entonces, para ser un gran promotor y animador del folklore puneño y también trabajando de Enfermero en el hospital de Bravo Chico), la dirección artística de este conjunto estuvo a cargo de Fabián Mamani.
Ésta fue una de las primeras delegaciones bien organizadas en llegar a Lima en 1956 para actuar con música y danzas en el Coliseo Nacional, donde dominaba la música de Junín, Ayacucho, Arequipa (Chuquibamba), Cusco o de Ancash, ya que estas manifestaciones musicales eran intensamente promovidas en el programa radial «El Sol de los Andes» en Radio El Sol, conducido por Luis Pizarro Cerrón. A pesar de la gran difusión del folklore andino en el horario de madrugada de algunas emisoras de la capital, como Radio Central, Continente, El Sol, Excelsior; Radio Nacional no transmitía música andina en la madrugada, sino en la «hora estelar» de las 7.00 p.m, sin embargo poco o nada se conocía de la música y el folklore puneño.
Fue todo un reto para el folklorista puneño Hernán Riveros, quien con ocasión del Día del Indio el 24 de junio de 1956, vestido a la usanza de nuestro pueblo, recorrió las calles de Lima soplando un pututo hasta llegar al festival de la pampa de Amancaes en el Rímac, donde también actuaría el «Conjunto de Zampoñas del Titicaca» bajo la dirección de Simón Huanca Pallo y que en los años 1957 y 1958, estos dos años el grupo de músicos obtuvo significativos triunfos, haciéndose acreedor a Medallas de Oro y Diplomas de Honor, además de presentarse en coliseos y emisoras de radio, trabajo exitoso que se vio plasmado en una grabación que años después se publicó en un disco de Sono Radio, tema sobre el que hablamos en el capitulo sobre los primeros Sikuris en Lima.
Este conjunto tuvo una destacada presentación en dicho Festival, viéndose al grupo de puneños soplando sus zampoñas durante un largo recorrido en la Pampa de Amancaes, más allá, en la afueras del distrito del Rímac, lugar donde se realizaba el Festival en homenaje al Día del Indio, que en realidad era un Concurso de Música y Bailes Nacionales que se desarrollaba en la pampa de Amancaes. El concurso fue creado en 1927 por el alcalde del Rímac, Juan Ríos.
De esa década del 50 hay que tomar en cuenta, que uno de los más importantes esfuerzos por mostrar la «cultura puneña» en Lima, la asumió el Dr. Enrique Cuentas Ormachea, quien siendo Presidente del Instituto Americano de Arte de Puno, promovió una depurada y calificada primera Embajada Cultural Puneña que llega a Lima en noviembre de 1957. Esta delegación estuvo integrada por artistas puneños, entre músicos, pintores, literatos y artistas representativos de la época; a decir de Guillermo Vásquez Cuentas(4) esta primera Embajada:
«La presidió Carlos Rubina Burgos, el polifacético maestro carolino a la sazón Alcalde de Puno, correspondiendo la vicepresidencia a Enrique Cuentas Ormachea, Presidente del Instituto Americano de Arte. A ellos acompañaron Carlos Chiriboga Velasco como Secretario y Francisco Deza Galindo como Tesorero. Como «Intelectuales» en la nómina figuran Víctor Enríquez (Mateo Jaika), Mercedes Bueno Morales y José Paniagua Núñez (Jospani). Entre los pintores figuran Francisco Montoya Riquelme, Florentino Sosa y el propio Carlos Rubina. Entre los músicos, Virgilio Palacios (Director); Néstor Molina (Director), Carlos Rubina, Francisco Deza Galindo, Eladio Quiroga, Luis Hinojosa, Ricardo García, Cristóbal Lezano, Severo Lezano, Augusto Masías, Víctor Masías, Segundo Salazar, Oscar Dávila, Roberto Valencia, Eladio Núñez», estuvo también el abogado y bailarín puneño Juan Zea Gonzales.
De la embajada cultural que llegó de Puno, también participó el Centro Musical Theodoro Valcárcel, que dos años antes se había formado y había sido ganador del primer y del segundo Concurso Departamental de Centros Musicales y Estudiantinas, que entonces había inicialmente organizado en Puno el Instituto Americano de Arte en los años 1955 y 1956.
El éxito se esta Embajada Cultural concluyó de este modo:
«La exposición de pintura y varias actuaciones culturales se realizaron en el local de Instituto Cultural Peruano Norte Americano. Otras presentaciones se efectuaron en la Universidad San Marcos y en la Universidad Católica, las que culminaron con un acto demostrativo especial en el Palacio de Gobierno a invitación del Presidente de la República Manuel Prado y del Ministro de Educación Jorge Basadre». (4)
Así pues, al concluir la «Semana Cultural de Puno» que había sido auspiciada por el Ministerio de Educación, los miembros de la «Embajada Cultural Puneña», se hicieron presentes en el Palacio de Gobierno la noche del viernes 22 de noviembre con el objeto de saludar al Presidente Prado y ofrecerle un selecto programa musical.
Se trató de un acto oficial y protocolar de primer orden; el Presidente Prado estuvo acompañado por el Ministro de Educación Jorge Basadre, el Jefe de la Casa Militar, así como sus edecanes, también estuvieron el Senador por Puno, Manuel Peña Prado y los diputados Emilio Frisancho, Eduardo de Amat y Julián Rivera del Mar.
Luego de ser presentado el selecto recital musical dirigido por Virgilio Palacios, con el Centro Musical Theodoro Valcárcel y el Quinteto de Cuerdas de los Hermanos Masías; el Presidente Manuel Prado intervino con elogiosas palabras de estímulo a los integrantes de la Embajada, felicitando a quienes dirigieron la Semana Cultural Puneña, revalorando esta excelente presencia de Puno en Lima.(5)
A fines de ese año, un hecho muy significativo para la difusión de la cultura del altiplano, fue la Exposición de la Biblioteca Paúl Rivet, que con el auspicio del Ministerio de Educación, se realizó durante un mes a partir del 12 de diciembre en la Biblioteca Nacional.
Meses antes el gobierno de Manuel Prado, por intermedio del Ministro de Educación Jorge Basadre, había adquirido la valiosísima colección bibliográfica mundial de quechua-aymara reunida en un periodo de más de 30 años por el antropólogo francés Paúl Rivet, la colección estaba compuesta por más de dos mil libros, entre los que destacaron las más raras ediciones que datan de 1568, hasta libros editados a principio de 1900, tanto en Juli, como en Lima, Buenos Aires y Europa.
Los autores que destacaron en la colección fueron Diego Gonzáles Olguin, Ludovico Bertonio, Juan Martínez, Antonio Ricardo, entre los más antiguos. Figuraban también diversos libros y manuscritos dedicados a la enseñanza cristiana de los indígenas de habla quechua y aymara, inclusive guaraní, publicados en los siglos XVII, XVIII y XIX, por Ernest Middendorf, Diego Tschudi, Gabino Pacheco, Clemente Markhan, así como ediciones del siglo XX, completando la colección una serie de folletos, poemarios, obras de teatro como «Ollantay» y diversos manuales de lingüística y de educación religiosa. Así, dicha biblioteca se convirtió en la más completa habida y por haber respeto a los idiomas quechua y aymara.
A finales de esa década también se muestra con mayor ahínco el interés de la opinión publica de Lima por la cultura puneña, tan es así que en Radio Nacional, con ocasión de diversas efemérides puneñas, se realizaban audiciones que duraban al menos 15 minutos.
Así tenemos registrado en su programación del sábado 20 de septiembre de 1958, a las 7.35 pm. un «Homenaje a Huancané», que se presentó después del programa de carácter cultural, «Así es mi Tierra», donde se comentaban tradiciones peruanas.
A las 7.30 p.m. del martes 4 de noviembre del mismo año se realiza un «Homenaje a Puno» en Radio Nacional del Perú, estas audiciones radiales eran conducidas por el periodista Víctor Dongo Casalino, y organizadas con la participación de la Central de Instituciones Puneñas, actuaciones donde generalmente se presentaban agrupaciones musicales en vivo, y que se repitieron durante varios años.(6)
Un acontecimiento muy significativo que es necesario recordar, a finaless de esta década, es el retorno triunfal del para entonces, ya destacado y conocido músico puneño, don Jorge Huirse Reyes, quién regresa al Perú luego de más de 16 años de triunfal labor en Argentina, donde tuvo un excelente y exitoso trabajo por la música nacional, no solo con artistas argentinos, sino también grabando nuestra música por primera vez con artistas peruanos en Buenos Aires, y que para esa época empezó a reproducirse en el Perú con igual y mejor éxito.
Don Jorge había retornado al Perú para plasmar su mejor conocimiento musical, incorporándose a la Dirección de diversas orquestas sinfónicas y orquesta ligeras, continuando su labor de grabar música peruana y andina, tuvo que realizar grandes esfuerzos para conseguir músicos que leyeran sus arreglos, era demasiado exigentes para lo que significaba un vals peruano, sin embargo logró sus objetivos.
Sobre ese retorno a la patria, Adolfo Huirse, su hermano, nos comenta lo siguiente: «... cuando la TV no había llegado aún y la radio estaba en todo su esplendor, la entonces potente y próspera Radio Victoria lo contrató para que volviera al Perú poniéndole bajo su mando una orquesta con 30 instrumentistas, todos músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional. A su vuelta, –César Miró lo esperó en la escalinata del avión cantándole su vals ‘Todos vuelven’- grabó para Virrey el insuperable larga duración ‘Machupicchu’. Luego dirigiría la Orquesta Sinfónica de Breña, la Orquesta de Cámara Sono Radio y la Orquesta de Cámara de la Guardia Republicana hoy convertida en Orquesta Sinfónica de la Policía Nacional.»
Su presencia motivó a los puneños en Lima ofrecerle homenajes y parabienes, tal es así que el 11 de junio de 1960, el gremio de los maestros primarios del Perú, le realiza un homenaje durante un Congreso Nacional, homenaje que cuenta con el auspicio del Ministerio de Educación y la presencia de la Central de Instituciones Puneñas, la fotografía que se presenta en esta página, pertenece a esa reunión como agradecimiento a la inmensa y gran labor en bien de la música nacional y puneña de parte de Jorge Huirse Reyes, «aunque después su tenaz lucha enarbolando los derechos de autor le desencadenaron el odio y la ojeriza de las disqueras y los canales de TV que lo marginaron».
La Cultura Puneña en Lima de los años 60
Luego de la exitosa presencia puneña durante la referida «Semana Cultural Puneña» de 1958, nuevamente es el Dr. Enrique Cuentas Ormachea quien en 1961 llega a Lima como promotor cultural, con el afán de estudiar la posibilidad de traer esta vez una Embajada Folklórica, objetivo que logra al organizar la Primera Embajada Folklórica Puneña, que estuvo integrada por la «Agrupación Puno de Arte Folklórico y Teatro», dirigida por Carlos Cornejo Roselló, y el Centro Musical Theodoro Valcárcel, dirigido por Virgilio Palacios Ortega, y que llega a Lima en agosto de 1962 bajo el auspicio de la Universidad Técnica del Altiplano.
La delegación integrada por 68 personas, realiza el día 3 una actuación promocional para los periodistas en la Casa de la Tradición, una casona estilo neo-colonial que fue construida en 1960 , cuyo patio central era una imitación de lo que era la Plaza de Armas de Lima en 1860, esta casona estaba ubicada en el Nº 3052 de la Av. Salaverry, hoy queda poco de ella. Su dueño de entonces, el Doctor Cesar Revoredo fue el promotor de esta presentación artística inolvidable; para luego hacer su debut para el público en funciones de vermouth y noche en el Teatro Principal Manuel Asencio Segura, el sábado 4 de agosto a teatro lleno, repitiendo su actuación el domingo 5 en dos funciones, y que por el gran éxito alcanzado en esas dos presentaciones, repite sus actuaciones por los siguientes días.
Esta embajada también estuvo integrada por el quinteto de cuerdas: Conjunto Masías de Arte Vernacular, y como vocalistas participaron el dúo de los Hermanos López, y el dúo de las hermanas Emmy y Herminia Santander.
Es en esta segunda oportunidad en que el Centro Musical Theodoro Valcárcel llega a Lima y bajo la dirección de Virgilio Palacios Ortega, y graba para el sello Sono Radio, su primer y famoso disco «Música de los Andes Peruanos».
Para hablar de esta Embajada Folklórica, recurramos nuevamente a lo que escribe Guillermo Vásquez, en la siguiente nota:
«Vencidos al fin tantos imponderables, gracias a una previsora acción de Cuentas Ormachea, que meses antes había dejado un oficio solicitando el uso del teatro, se realizaron actos promocionales como aquél que organizó el empresario Carlos Revoredo en la Casa de la Tradición, en el cual la Diablada y la Pandilla puneñas causaron gran impacto entre los periodistas que asistieron al mismo».
«El 4 de agosto de 1962, constituye un gran hito en la historia de ese movimiento social signado por el cultivo y difusión del folklore puneño con acento en la danza y la música. Tan pronto como concluyó la primera danza, Wifala de Asillo y ya apreciados los desplazamientos ágiles y coordinados de sus danzarines, entre ellos las diestras hermanas Santander, el público que abarrotó las instalaciones del Segura, con José María Arguedas en primera fila y grabadora en mano, estalló en aclamaciones y vivas a Puno. Entre bambalinas Cuentas Ormachea, el gestor indiscutido de ese triunfo, no pudo controlar la emoción. Aunque acondicionadas para su demostración en tablas, se habían reivindicado las antiguas manifestaciones musicales y coreográficas de los pueblos quechuas y aymaras y acababa de inaugurarse la marcha ascendente del arte coreográfico puneño.
Estaban previstas sólo dos presentaciones, pero debieron realizarse diez. El Administrador del Teatro ofreció insistentemente cubrir de inmediato una temporada de seis meses; oferta por cierto inviable por las condiciones laborales de los integrantes del elenco musical y el de danzas. Tampoco llegó a concretarse la presentación de la Embajada Folklórica junto al Ballet Ruso Berioska en el Estadio Nacional, promovida por la Asociación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Ingeniería, por razones similares»(4)
Estas presentaciones tuvieron amplia información y comentarios en los medios de prensa más importantes de la época, como La Prensa, El Comercio, Caretas, Expreso, cosa rara entonces, pero finalmente bien reconocida, con muy buenos comentarios de parte de Cesar Miró, Sebastián Salazar Bondy, José María Arguedas, Alfonsina Barrionuevo, entre otros periodistas e intelectuales, que supieron apreciar y valorar la calidad y variedad musical y coreográfica del altiplano peruano.
¿Cuáles fueron los primeros valiosos comentarios de los medios de comunicación de Lima acerca de esta delegación?.
Aquí algunos de ellos:
«....los danzarines apenas han dado unos pasos y el público se alza como si no pudiera soportar el peso de la emoción que la música y la coreografía le transmiten y aplauden en verdadero estado de delirio» (José María Arguedas en «El Comercio» Lima, 11 agosto 1962).
«... han desplegado ante los ojos admirados del público citadino las más hermosas versiones del alma ‘‘qollavina’’ en una verdadera fiesta de color y belleza». (Alfonsina Barrionuevo en «Caretas», Lima 13 agosto 1962).
«... en la humorística y suntuosa Diablada, donde los caporales, los diablos mayores, tienen algo de príncipes, no solo por el lujoso vestuario, sino por la aristocracia de sus movimientos» (César Miró en «El Comercio» 19 agosto 1962).
«Cuando los danzarines de Puno soltaron sobre el escenario del Teatro Segura su mundo mestizo de colores, nos dimos exacta cuenta del valor de nuestro folklore». (Augusto Tamayo Vargas, «El Comercio», 3 septiembre 1962).
Tomamos un texto que escribe el propio promotor principal de esta Embajada, el Dr. Enrique Cuentas Ormachea, «Críticos como César Miró, Sebastian Salazar Bondy, Emilio Armaza, Luis A. Meza, Guido Monteverde y muchos más se sumaron a los comentarios laudatorios de Arguedas. El nuevo Alcalde de Lima, Dr. José Jacinto Rada rindió el homenaje del Consejo en una función en la que hizo entrega de un hermoso aparato floral con el Escudo de Lima y ofreció sus buenos oficios para presentar el espectáculo en el City Hall de New York. Las dos funciones tuvieron que prorrogarse por 15 días y por primera vez la flor y nata de la aristocracia limeña concurrió a un espectáculo de danzas folklóricas. El Departamento de Extensión Cultural de la UNI propuso una presentación conjunta con el Ballet Ruso Berioshka de renombre mundial, que se concretó por las exigencias de luz y tramoya que planteó el ballet Ruso». (7)
Este acontecimiento se repitió el año siguiente, en 1963, en que llega la Segunda Embajada Folklórica de Puno, nuevamente gracias al esfuerzo del Dr. Cuentas Ormachea como su promotor. La delegación estuvo una vez más integrada por la Agrupación Puno de Arte Folklórico y Teatro (APAFIT) dirigida por Carlos Cornejo Roselló y el Conjunto Orquestal Puno dirigido por Castor Vera Solano. En esta ocasión la embajada realizó once presentaciones en vermuth y noche, en un colmado Teatro Municipal.
Esta Segunda Embajada llegó a Lima bajo el auspicio de la CORPUNO, realizando sus presentaciones en el Teatro Municipal, además en Radio Nacional y en el canal de televisión del Estado.
En 1964, bajo el auspicio de la Casa de la Cultura dirigida por José María Arguedas y la Corporación de Turismo, viaja a Lima un renovado Centro Musical y de Danzas Theodoro Valcárcel, que ya para entonces, había incorporado a su staf de artistas, a un cuerpo coreográfico de danzarines con el que realiza sus presentaciones en el Teatro Municipal, alcanzando un meritorio éxito.
La APAFIT en esta oportunidad ya no llegó a Lima, porque había ingresado en una etapa de reorganización, nombrándose una Junta Reorganizadora integrada por seis copresidentes, en vista que debía rendir cuentas de sus anteriores viajes, como lo tenía exigido. De no hacerlo, no sería pasible de recibir un subsidio de tres mil soles mensuales que la Casa de la Cultura a cargo de José María Arguedas, le tenía acumulado del año 1963. (8)
En 1965 el Centro Musical y de Danzas Theodoro Valcárcel vuelve a Lima para realizar tres excelentes presentaciones artísticas en el Teatro Municipal, a partir del 30 de octubre, actuaciones como siempre muy concurridas y que fueron previas a su viaje a México, donde se presentaría en el Palacio de Bellas Artes de la capital mejicana, como que fue la primera gran oportunidad de mostrar al mundo, la valía del folklore puneño.
En agosto de 1966 se presenta durante 10 días en el Teatro Municipal de Lima, una nueva delegación artística de Puno integrada esta vez por la Agrupación Puno de Arte Folklórico y Teatro APAFIT, bajo la dirección de Carlos Cornejo Roselló, y el Conjunto Orquestal Puno, bajo la dirección de Castor Vera Solano; estas presentaciones se realizan bajo el auspicio de la Casa de la Cultura, la Universidad Nacional de Ingeniería y la Corporación de Turismo, CORTURPERÚ. El Conjunto Orquestal Puno, graba sus discos «Conjunto Orquestal Puno» y «Puno Pandillero».
Es necesario reconocer que esta etapa de esfuerzos por cultivar y difundir nuestra música y danzas, se corona con la llegada a Lima de estas Embajadas Folklóricas de Puno, que muestran el amplio y calificado bagaje de la música y danzas puneñas en el Teatro Segura y luego en el Teatro Municipal de la ciudad capital, así como en otros escenarios de radio y televisión, y en diversas oportunidades.
La Otra Capital
Luego de esa importante presencia vendría un sin número de agrupaciones musicales y de danzas a difundir el arte puneño en Lima, con lo cual se marcaría la diferencia acerca del conocimiento del folklore puneño, en tanto los medios de comunicación verían con otros ojos estas «otras» manifestaciones culturales andinas.
José María Arguedas, gran estudioso del folklore, le tomó muchísimo interés al asunto comentando en los medios de prensa, que Puno ayudó a descubrir al Perú indígena. Ese interés lo llevó a constituirse en el escenario natural de ese magnífico arte, Puno, para constatar la belleza y variedad de su folklore y calificar a dicha ciudad como «Puno, otra capital del Perú», es decir la capital del folklore, en un artículo muy significativo que publicó a página completa en el diario «El Comercio» el 12 de noviembre de 1967, y cuyo texto se reproduce al final.
De lo reseñado definimos el siguiente concepto, que a fines de la década del los 50 y toda la década de los años 60, aparte del natural espíritu de solidaridad mutua innata entre los coterráneos migrantes a tierras extrañas a su origen, mas de tres fueron los factores que contribuyeron para que Puno fuera calificada como la «Capital Folklórica del Perú», hoy declarada «Capital del Folklore Peruano», y para que los puneños en Lima se inquietaran con más ahínco por tomar la iniciativa de organizarse por medio de instituciones.
Como primer factor destacamos la presencia de esa primera Embajada Cultural Puneña, promovida en 1957 por el Instituto Americano del Arte, bajo la dirección del Dr. Enrique Cuentas Ormachea, que trajo a Lima lo mejor del amplio bagaje cultural puneño en presentaciones artísticas que tuvieron gran resonancia, y que se repitieron posteriormente por varios años como «Embajadas Folklóricas»; lo que motivó, como segundo factor, que los medios de prensa y los difusores de la cultura andina se preocupasen de la cultura puneña, entre los que hay que destacar al propio José María Arguedas, quien publicó en el diario «El Comercio» varios artículos que fueron todo un rescate de lo que representaba el otro lado de la cultura oficial peruana, reflejando así la valía de esa importante parte cultural hasta entonces medio desconocida, que se mostraba especialmente en la Fiesta de la Virgen de la Candelaria y que fuera registrada y catalogada entonces por la Casa de la Cultura (INC). Un tercer factor determinante fue la promoción turística que de parte del Estado se le brindó a la celebración del Tercer Centenario de la fundación española de la ciudad de San Carlos de Puno, en 1968.
Sin embargo a todo ello hay que agregarle un cuarto factor que no debe soslayársele , como fue la situación política del país a fines de los años 60, en la que el gobierno militar de orientación nacionalista, que acercándose a la cultura andina, empezó a promover el rescate de la identidad nacional con medidas y cambios estructurales que despertaron el pensamiento hacia lo nacional, dentro de lo que debía considerarse la cultura andina, y que por supuesto Puno con toda su tradición cultural de más de mil años no podría, no podía estar ajeno.
Estos hechos también promovieron un gran impulso para que los puneños en Lima se organizaran por medio de grupos e instituciones que les sirvieran de ayuda para conservar sus tradiciones, costumbres y modos de vida, generalmente de acuerdo al lugar de origen o nacimiento, por eso es que a continuación, luego de referirnos a las primeras grabaciones musicales que hicieron los puneños, presentamos un recuento de algunas instituciones y grupos en torno a los que se agruparon los puneños; no es un estudio completo al respecto, -está en elaboración un trabajo mayor acerca de la migración puneña a Lima- pero sí nos ayuda en gran medida a apreciar las circunstancias cómo grupos de personas asumen la necesidad de mantener nuestras tradiciones desde siempre, en la gran urbe invadida de provincianos en que se ha convertido Lima.
La Música Puneña en Lima.
Años después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo europeo se reconstruía, Estados Unidos ingresaba a una etapa de desarrollo y dominación de la economía mundial, los países del primer mundo requerían materias primas para el crecimiento de su industria. Uno de los países abastecedores de ese mundo siempre fue el Perú, especialmente en el sector minero; en los años 50 grandes empresas instaladas en Lima requerían mano de obra barata, mientras que el Ande y el campesino controlado por el gamonalismo se empobrecía más; es así por que empezaron a llegar a Lima las primeras olas de migración; el poblador andino llegaba con su música, y los cantantes y grupos musicales «vernaculares» ya se presentaban en locales públicos.
En esos años las «barriadas» empezaron a proliferar el Lima (Piñonate, Conde de la Vega), además del distrito de La Victoria (Los cerros San Pedro, San Cosme, El Agustino), o el Rímac (Piedra Lisa bajo el cerro San Cristóbal, Huascarán, pasando el Puente del Ejército); una de las más populares y amplias fue la nueva barrida llamada «27 de Octubre», que tuvo un vertiginoso crecimiento y rápidamente se convirtió en distrito; surgida a fines de los años 40, y nombrada así en recuerdo que en esa fecha de 1948, Manuel Odría dio un golpe de estado autodenominado «restaurador» en Arequipa, en contra del Gobierno de Bustamante y Rivero. Después, ya en el gobierno de Manuel Prado, esta barriada cambiaría de nombre y se convertiría en el distrito de San Martín de Porres.
También estaban «Ciudad de Dios», primera gran barriada formada en las pampas desérticas del sur de Lima y detrás del cerro Pamplona (Pamplona Alta y Pamplona Baja), luego surgieron San Juan, Villa María, Lurigancho, Comas, Ermitaño y otros lugares a donde llegaron los migrantes provincianos.
Los años 50 fueron de bonanza económica por el auge del precio de los metales en el exterior, y sus grandes exportaciones, tiempo de decaimiento del agro sur peruano por las sequías, mientras crecía la explotación agroindustrial de la costa, será por eso que en Lima fue tiempo de la construcción y creación de diversas unidades vecinales como «barrios obreros» y populares, así como grandes Unidades Escolares y Núcleos Educativos Campesinos, (desde 1950 en que se crean), tal es así que en 1954 la UNESCO calificó al Perú entre los primeros países con mayor inversión en el sector educación.
El segundo lustro de la década desde 1955, Puno y gran parte de la sierra sur sufrió un grave periodo de sequías durante varios años, este hecho que afectó en gran forma la economía del campo en Puno, motivó que se originara una de las mayores migraciones a la costa, después de la segunda guerra mundial; las otras grandes migraciones se darían años después, en los años 70 como consecuencia de la Reforma Agraria que se inició en 1969 y en los años 80 como resultado del terrorismo y la subversión sucedida en el país.
Ya entonces la música folklórica nacional y autóctona comenzó a ser «protegida» por el Gobierno, que mediante la Ley Orgánica de Educación la promovía, inclusive subvencionando su difusión y cultivo. Había evidentemente una proliferación de grupos y artistas que reclamaban ser calificados como folkloristas así que en afán de organizar y ordenar esa música, el Ministerio de Educación emitió una Resolución Ministerial (Nº 11033) el 12 de noviembre de 1954, mediante la cual se resolvió que la música folklórica debería ser previamente calificada como tal, por la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural de dicho Ministerio, a fin de que pudiera ser difundida con esa calificación en las radioemisoras y otros escenarios del país.
El primer disco de 78 rpm de música folklórica que se produce en el Perú en la fábrica de discos MAG, es gracias a la gestión de José María Arguedas, quien siendo el Jefe del Departamento de Folklore del Ministerio de Educación en 1948, promueve esa primera grabación musical con el popular cantante de entonces «El Trovador Andino». Sin embargo tenemos la referencia que la primera grabación de un huayño en quechua se realiza el 13 de setiembre de 1913, cuando Frank S. Rambo, en compañía de Charles S. Althouse, empleados de la empresa VICTOR TALKING MACHINE Co. llegaron a Lima vía el Canal de Panamá para grabar un repertorio peruano y luego prensarlo y publicarlo en New York. Lo hicieron entre el viernes 5 y el miércoles 25 de ese mes y el sábado 13 grabaron tres números de “Música Peruana”, como fueron los diálogos cómicos «El borracho y el inspector» (disco Víctor 67001), «Los compadres» (disco Víctor 65814) y «Los dos serranos» diálogo cómico y huayñito “Cachicachichay”, (disco Víctor 67012). Los intérpretes fueron Alejandro Ayarza “Karamanduka” en la voz y L. Romero en la guitarra; cantado con parte de la letra en quechua. Así nos lo dice Lucho Salazar. (10)
Esta pieza pertenecía a la obra musical “Música Peruana” de Alejandro Ayarza, que tuvo mucho éxito en sus presentaciones teatrales, como lo informó el diario “La Prensa” en su edición del 28 de noviembre de 1912:
VIDA TEATRAL / TEATRO VICTORIA / ESTRENO DE UNA OBRA NACIONAL
Hoy en este teatro subirá a escena por primera vez una zarzuela de música y costumbres nacionales, composición y letra del popular y chispeante Alejandro Ayarza. Personas que han asistido a los ensayos nos aseguran que la obrita ha de gustar al público por la comicidad de sus situaciones y por el marcado sabor criollo. La obra se titula “Música Peruana” y ya sabemos que con ella se “resbala cualquiera”.
También es preciso recordar que años después, el gobierno de Manuel Prado promulgó el 17 de marzo de 1958 la Ley 12980,(11) que liberaba la importación de discos de carácter cultural y disponía se imponga un impuesto selectivo a los discos de música comercial. Téngase en cuenta que solo a partir de entonces se podían importar con mayor libertad discos de 33 rpm, que entonces traían RCA Víctor, Sono Radio y Virrey, entre otras subsidiarias de empresas internacionales en el Perú.
En aquel tiempo la música puneña no se escuchaba en las emisoras, salvo algunos temas grabados por Huirse. Es necesario tomar en cuenta que esta música hasta entonces solo había sido grabada en Buenos Aires, en discos de carbón de 78 rpm, por el destacado maestro Jorge Huirse Reyes, luego reproducidas en nuestro país en discos de larga duración de acetato. Pionera labor del calificado músico. En la amplia discografía de Jorge Huirse, hemos detectado más de 30 temas de música puneña y andina orquestada. (9)
A fines de la década de 1950, la primera empresa manufacturera nacional de discos de acetato fue IEMPSA, luego Discos MAG, posteriormente aparecerían Sono Radio, Virrey y FTA, que le dedicarían su producción no solo a la música «comercial» nacional e internacional, sino también a la música criolla y a la «vernacular», por eso una de las primeras opciones de IEMPSA, fue reproducir en el Perú con el sello Odeón, en discos de acetato, las grabaciones de música criolla, andina, puneña que realizara Jorge Huirse en Buenos Aires.
Consultamos sobre este tema a Adolfo Huirse Cairo, él nos dice que «Jorge fue desde siempre artista exclusivo de la Odeón que en el Perú reproducía IEMPSA, es por esa razón que Jorge no aparece en el disco «Mi Perú» de Sono Radio pese a haber dirigido la Orquesta y haber hecho las orquestaciones y arreglos. Seguía siendo artistas exclusivo de Odeón, pero en «Mi Perú» está su estilo.» «Los discos que llegaron a mi casa, directamente de Buenos Aires por vía férrea, en el tren Expreso General Belgrano de Buenos Aires a La Paz luego a Guaqui y a Puno, eran Odeón de sello color verde».
Esta claro entonces que en aquel tiempo las primeras grabaciones de música puneña en discos LP, las realizó Odeón, con música que Jorge Huirse grabó en Argentina con su orquesta y las voces de Jesús Vásquez, Los Trovadores del Perú, Los Morochucos, Luis Abanto Morales y otros grandes artistas argentinos.
Mientras que en el Perú las primeras grabaciones de música puneña fueron realizadas por conocidos músicos y cantantes «vernaculares», como el Picaflor de los Andes, el Jilguero del Huascarán, el Embajador de Quiquijana, entre otros; por ejemplo, obran en nuestro poder algunos discos de 45 rpm «Caballito de Chocchiporque» grabado por el Conjunto Kori-Marka de Tinta o «Frutera Serrana» grabado por el Embajador de Quiquijana.
En cuanto a grabaciones fonográficas de músicos puneños, tenemos información que el primer conjunto musical puneño que graba en discos de carbón de 78 rpm, fue la «Estudiantina Dunker», fundada en 1925 por Alberto Rivarola, como director, y que estuvo integrada por José Díaz Bedregal, Leonardo Zevillanos, María Bobadilla, Rafael Giraldo, Octavio Peñaranda, Uberto Sirvas y Néstor Molina, Jorge Pardo del Valle, J. Ramos, Fermín Quinto y Eduardo Tavera; grabaciones realizadas por la RCA Víctor de New York y publicadas a finales de la década de 1920, con temas de Alberto Rivarola y que escuchamos en vitrola, cuando éramos muy niños.
La primera grabación de la «Estudiantina Dunker» que hacemos referencia , en un lado tenía el huayño «Chascañahui» (Ojos de Lucero) de don Alberto Rivarola, pero cuya captación y arreglo fue de Marcelino Cuentas, al reverso estaba la canción Aymara «Janiñau» (Yo no te quiero), interpretada por el dúo de las hermanas Anita y Lucy Salinas con el marco musical de Néstor Molina en la mandolina, Alberto Rivarola en la guitarra, Jorge Pardo del Valle en el charango y J. Ramos en el violín. El segundo disco tenía la melodía aymara «Matajuicio» (Yuyay Chincachi) de don Alberto Rivarola, en interpretación de la Estudiantina Dunker, al reverso el yaraví arequipeño «Recuerdo» del dúo Chávez-Larrea y el tercer disco tenía grabado el huayño «Las Zampoñas que van» de Alberto Rivarola de la Estudiantina Dunker y al reverso la canción titulada «La Maldición» del dúo arequipeño Salas-Marroquín.
Sobre estas primeras grabaciones tomamos las palabras de don Enrique Cuentas Ormachea, que dice, «En diciembre de 1926 el agente vendedor de fonógrafos, discos e instrumentos musicales y partituras Sr. J. Arauzo lanzó a la venta un disco de la RCA Víctor de un autor puneño. Fue «Ondas del Titicaca» del compositor Rosendo Huirse interpretado por la Orquesta de Cámara de la RCA Víctor», en otro momento agrega que «En 1927 el Sr. Arauzo puso en contacto a don Alberto Rivarola con un representante de la Casa Víctor que tenía la misión de grabar música popular de Arequipa, Puno y Cusco. Los integrantes de la «Estudiantina Dunker» acordaron aceptar la invitación del representante de la Casa Víctor. Fue así como entre los meses de Abril y Mayo de 1928 se concretaron grabaciones de música puneña interpretada por ese grupo musical. En retribución abonó la Casa Víctor una suma ínfima que sólo sirvió para adquirir un juego de cuerdas». (12)
El texto completo de estos recuerdos de Cuentas Ormachea, donde también se hace referencia a las primeras grabaciones de música nativa de Puno realizadas en 1956, son reproducidas en la parte final de este libro, fueron tomadas del Boletín del Club Departamental Puno de Lima, que dirigía don José Patrón Manrique, y que tuvimos por suerte el encargo de imprimir en Agosto de 1995.
Tuvo que pasar varios años para que otros grupos grabaran ya en Lima en ese mismo sistema fonográfico, en discos de carbón de 78 rpm, pero esto sucede ya a finales de los años 50 del siglo pasado.
Uno de ellos fue el Centro Musical Ayaviri, sus primeras grabaciones fueron recopiladas posteriormente en un disco de larga duración (LP) con el nombre «Huayños»; cuya carátula o sobrecubierta a todo color, aun estaba impresa en el sistema de serigrafía. Otros temas de este grupo son publicados en un LP del Sello MAG, junto las grabaciones del Centro Musical Yunguyo, con el nombre de «Aires del Altiplano»; en el disco se registra como «Conjunto Musical Ayaviri» y no como Centro Musical, ya que la disquera (MAG) no tenía los derechos de edición de este último (RCA Víctor).
Es necesario mencionar que el Centro Musical Yunguyo llegó a Lima a fines de 1959, a grabar en el antiguo sello MAG y en Sono Radio, en mérito de haber obtenido durante tres años consecutivos 1957, 1958, 1959, el primer lugar en el Concurso de Estudiantinas que organizaba en Puno el Instituto Americano de Arte con motivo del aniversario de la ciudad lacustre en el mes de noviembre.
Posteriormente fue Sono Radio quien publicó en 1965, «Brisas Puneñas» del Centro Musical Yunguyo (LPL-2230), con los temas que había grabado a fines de 1959.
El Centro Musical Theodoro Valcárcel, los años 1955 y 1956 había obtenido el primer lugar en el citado Concurso de Estudiantinas puneño, posteriormente a finales de los años 50 realizó sus primeras grabaciones en discos de 45 RPM, que fueron reproducidas de cintas magnetofónicas de carrete, que los mismos integrantes del Centro Musical habían efectuado.
Otra de las primeras grabaciones en discos de carbón de 78 rpm fueron realizadas por las «Hermanas Madrid» con elCentroMusicalLampa y que se convirtieron en discos de 45 rpm en el sello Odeón de IEMPSA, que luego derivó en un disco de larga duración. Aquí también hay que tener en cuenta que quien en realidad graba con las Hermanas Madrid, es el «Centro Musical Lampa», pero por no tener los derechos de grabación, (pertenecían a Sono Radio) en el lado B de ese disco LP se toma el nombre de «Estudiantina Lampa».
El Centro Musical Lampa en 1960 fue ganador del Concurso Departamental de Estudiantinas (organizado por el Instituto Americano de Arte), con los temas «Choclo de Oro», y «Choquechampi», que fueron grabados en su más caracterizado disco LP, «Paisaje Andino», en cuya carátula aparece el templo de Raqchi en Sicuani, Cusco (entonces no habían fotos de Puno a color).
Tenemos en la mano un antiguo disco de 45 rpm de Sono Radio grabado en enero de 1961 por el grupo Los Aravicus, con los temas puneños Bella Tierra Mía cuyo autor es el azangarino Alberto Urquiaga Vásquez, quien también era integrante del grupo musical que realiza las grabaciones y Alalau Chirihuayrita del lampeño Zacarías Puntaca, temas cantados por la interprete puneña llamada «La Kolla».
La particularidad de estas grabaciones es muy singular, ya que el ritmo en el que están grabados los dos temas, es del estilo de un Hualaycho, con un compás muy rápido, completamente diferente al estilo del «huayño pandillero», que se impuso fuertemente en todo el departamento de Puno, desde fines de los años 50. Todo un reto y valor de esos primeros artistas
Posteriormente vendrían las grabaciones singles ya con características de huayños «pandilleros», entre las que se pueden considerar la que realizó el Centro Musical Theodoro Valcárcel a fines de 1950, así como las primeras grabaciones de música puneña en discos de formato de larga duración que publica Sono Radio en sistema monaural como son «Música de los Andes Peruanos» del Centro Musical Theodoro Valcárcel (LPL-2016), «Paisaje Andino» del Centro Musical Lampa (LPL-2052).
Respecto a la primera grabación del Centro Musical Theodoro Valcárcel, bajo la dirección de Virgilio Palacios Ortega, lleva el nombre genérico de «Música de los Andes Peruanos» porque el nombre de Puno ya era considerado «comercialmente» por la disquera, además que representaba el primer volumen de una colección de música andina de gran calidad que Sono Radio pensaba publicar, colección que incluyó al Conjunto Atusparia de Ancash, al Centro Qosqo de Arte Nativo, al Conjunto de Mandolinas de Amazonas, entre otros.
La disquera IEMPSA más interesada en la música folklórica publicó «Brisas del Titicaca» de Los Íntimos de Juliaca, (Odeón, LD-1360) «Cantares del Altiplano» del Centro Musical Ayaviri (Odeón LD-1355), «Conjunto Orquestal Puno» (Odeón LD-1406), «Qhantati Ururi» (Odeón LD-1419), «Puno Pandillero» (Odeón LD-1508) del Conjunto Orquestal Puno.
Ya en el sistema estereofónico, se publica el disco «Linda Puneñita» de los Intimos de Puno en 1966, (Líder IEMPSA LD-1569), como el hermoso álbum «Puno, Tierra de Ensueños» del Centro Musical Puno, bajo la dirección de Virgilio Palacios Ortega.
Debemos distinguir muy claramente los distintos «estilos» de los conjuntos musicales de las provincias de Puno, plasmados en sus diversas grabaciones y que posteriormente han sido grabados en LPs así como en cassettes, en diversos sellos musicales tanto de Lima, Cusco y Arequipa.
Destacamos la grabación «Lucero del Amanecer» del Conjunto Q’antati Ururi de Conima, (LD1419) , por ser el primero con música autóctona interpretada en instrumentos de viento y percusión, grabado en el sello Odeón de IEMPSA; para ello este conjunto esta vez llegó a Lima en marzo de 1965 con 50 artistas, trayendo 30 danzas, bajo la dirección y Presidencia de don Lucio Calderón Pacoricona, hijo del fundador; lo que evidenciaba en aquel tiempo la inquietud que había por conocer la música y danzas autóctonas de Puno, manifestada intensamente en los medios populares y sectores «cultos» de Lima. Ante esa predisposición, Q’antati Ururi se presentó en el Coliseo Nacional, en las ruinas de Puruchuco, en el Parque El Olivar de San Isidro, en el Ministerio de Educación (Canal 7TV) y Radio Nacional, y en el Palacio de Gobierno, donde interpreta por primera vez el Himno Nacional con zampoñas, en presencia del Presidente Fernando Belaunde, y finalmente realiza la grabación mencionada.
En 1966 llega a Lima, el conjunto de música y danzas autóctonas «Los Mensajeros del Ande de Cojata», presentándose en el Coliseo Nacional de la Av. Bolívar, y en otros diversos lugares, incluso en el penal del Frontón, con el auspicio y promoción de los directivos de Brisas del Titikaka de ese entonces, su presencia en Lima la aprovechan para grabar su disco «Zampoñas y Sikuris» en la disquera Sono Radio, en el disco se registra el nombre de Embajada Folklórica de Cojata, bajo la dirección de Guillermo Paco Cama (LPL 2109).
Al año siguiente llega a Lima la «Embajada Cultural y Folklore de Conima», integrada por el Conjunto Las Kantutas de Conima y la Banda Estrellas de Oro de Conima, bajo la dirección de Gregorio Gómez Apaza; siendo su promotor y representante en Lima, Hugo Saravia Pacoricona, entusiasta animador y promotor del folklore puneño.
Lo distinguible de esta «Embajada», muy similar a la Embajada de Cojata, es que las interpretaciones de la música puneña, la realizaban con instrumentos autóctonos, sikus, quenas, pinquillos, pitos, tarkas y percusión; presentando en diversos escenarios las danzas autoctonas y mestizas como Tarkada, Pandilla Carnavalera con pinquillos, Sikuris, Diablada, Llamerada, Callahuayas, por lo que se distingue en grande de otras «Embajadas», que anteriormente estuvieron en Lima, porque presentan las danzas autóctonas, tal como se interpretan en el campo, en especial en Conima.
Su presencia en Lima les permite grabar el disco de larga duración, «Alegrías del Altiplano» bajo el sello Sono Radio (LPL 2311).
Músicos Puneños de Lima
En 1956 se creó en Lima la «Compañía Zampoñas del Titicaca», conjunto musical formal con instrumentos autóctonos de zampoñas, tarkas, y pinquillos, integrada en su mayoría por huancaneños, aunque otro grupo de sikuris fue formado por Baltazar Ruelas a fines de los años 40, del que hablamos más adelante. Zampoñas del Titicaca es el primero de música autóctona que interpreta los diversos instrumentos aerófonos andinos, que logra una significativa aceptación, toda una sensación para muchos puneños, como gran contrapartida al desprecio de parte de quienes la consideraban «música de indios». Esta agrupación realiza en aquel tiempo, presentaciones en diversos espectáculos públicos donde hubieran competencias de música vernacular, en coliseos, emisoras radiales y reuniones que organizaban los puneños, especialmente en las de la Central de Instituciones Puneñas. No tenían temor ni duda de presentarse en cualquier escenario, se trataba de un grupo que era número obligado en cualquier actividad de puneños.
La «Compañía Zampoñas del Titicaca» participó en varias oportunidades en el festival folklórico de la Pampa de Amancaes donde, como está dicho, los años 1957 y 1958 se hicieron acreedores a medallas de oro y diplomas de honor. Años después, en 1966, el conjunto llegaría a grabar su disco LP «Zampoñas del Titicaca» con la dirección de Simón Huanca Palli. (Sono Radio LPL 2190).
En una oportunidad, noviembre de 1957, con ocasión del aniversario de Puno, un grupo de puneños de «cierto nivel» realizaban un «baile social» en un local de un club nocturno ubicado en el Jr. Ocoña, esquina con Jr. Caylloma, donde hasta hace poco existía un Comedor Popular. A esa fiesta solo
Los Primeros Sikuris en Lima
Los Primeros Sikuris en Lima
Incluyo aquí, algunos párrafos de una publicación del Diario Los Andes de Puno, que corresponde a parte de una largo dialogo que tuve con Gerardo Barbosa Idiaquez, antiguo folklorista y promotor cultural, de allí se extraen algunos resumidos textos. (15)
... En la Capital existen un gran número de tropas y conjuntos de sikuris y sikumorenos que practican esta tradición, hoy masivamente difundida en instituciones, colegios y universidades, todas, expresamente todas, tienen un origen o una raigambre puneña, por los estilos, formas y modos de interpretar esta variedad musical trasladada desde el Altiplano puneño.
Hace un tiempo pregunté a un antiguo promotor de las tradiciones puneñas en Lima, el pomateño Gerardo Barbosa Idiaquez, si podría responderme cuándo se habría formado en esta ciudad, la primera tropa se sikuris integrada por residentes puneños en Lima.
Esto me comenta Gerardo, que cuando vivía en el Jr. Azángaro 228 en el centro de Lima, cerca del Palacio Legislativo, había sido canillita y lustrabotas, mientras estudiaba en la nocturna del Colegio Guadalupe, cuenta que a mediados de la década de 1940, fue convocado por el señor Baltasar Ruelas, quien era portero del Banco de Crédito, y que a sabiendas que ese canillita y lustrabotas recorría las calles de Lima, le encargó que buscara entre los barredores puneños que hubieran en la Municipalidad de la Victoria o de Lima gente que supiera tocar zampoñas, y que los llevara a su casa de Barrios Altos el siguiente sábado; en ese afán primero reunió a seis huancaneños, y así don Baltasar empezó a ensayar con ellos, ya que tenía una cuantas zampoñas con las que empezaron a practicar.
En el tiempo el número de músicos se incrementó y hacía falta algunos instrumentos más; entonces hacia 1946 cuanto Gerardo tendría 16 a 17 años, ya estaba trabajando en el Congreso de la República, donde primero ingresó como lustrabotas, para luego llegar a ser “Ujier”, que era el auxiliar que se encargaba de alcanzar el micrófono a los diputados que intervenían en los debates; allí conoció al senador puneño José Antonio Encinas, a quien luego de contarle lo que hacían los días sábados, en un desprendido atrevimiento de emoción, le solicitó como donación un juego de zampoñas, el Dr. Encinas entusiasmado de esta inquietud, en quince días mandó a traerlas de Puno y con esa donación continuaron los ensayos con más personas.
Así se formó el grupo de sikuris, que no tenían un nombre definido, simplemente era de Puno, del Altiplano; interpretaba indistintamente sikuris y sikumorenos, especialmente en la modalidad de zampoñada, aunque en general melodías de la zona de Huancané y Puno, modalidad de algún modo citadina.
El grupo se iba preparando continuamente y sus reuniones de los sábados eran ya de real convocatoria, entre el año 47 y 48 se presentaron casi informalmente, en el Festival que por el Día del Indio se organizaba anualmente en la Pampa de Amancaes; sin embargo es en 1949, cuando se están preparando decididamente para participar nuevamente de este festival, don Baltasar Ruelas viaja a Puno y con su propio peculio adquiere vestuario del conjunto de sicuris del Barrio Mañazo, y con esa vestimenta se presenta un grupo numeroso de sikuris en las puertas que conducían a la Pampa de Amancaes, hecho que molestó a los organizadores, que aunque no habían estado inscritos en el Festival, ya “estaban descalificados” por tocar en la puerta, congregando gran número de personas que no ingresaban al Festival.
En algún momento iba a llegar al Festival el Presidente de la República, razón por la que los convencen a que ingresaran acompañándolo; el General Odría quien había dado su golpe de estado en noviembre del año anterior, quiso darse un baño de popularidad porque ya estaba pensando en postular en una elección Presidencial, y encontró al grupo de sikumorenos con vestuario de brillantes y colores, acompañados de un Angel, diablos y demás figuras de Los Diablos de Puno, al estilo zampoñada; el Caporal o Diablo Mayor era encarnado por Barbosa, quien cual pecador enamorado, invitó a bailar a la Primera Dama, la Señora María Delgado de Odría, ella complacida por ver esta modalidad coreográfica, acompañó al conjunto un buen trecho.
La señora María Delgado de Odría conocía Puno algunos años atrás, ella había estado antes por motivo de trabajo, junto a su esposo en el cuartel de Huancané, entonces ya sabía cómo eran esas tropas de sikuris que recorrían las calles.
Fue en realidad la primera vez que un grupo de puneños residentes en Lima, logró tan resonante éxito y aplausos, que motivó que el grupo continuara, especialmente en la variedad de sikumorenos, que años después sería el origen del Conjunto Zampoñas del Titicaca, y que en los años 50, recibió premios y preseas en el afamado Festival de la Pampa de Amancaes, llegando inclusive a grabar un disco LP; mientras esto se desarrollaba adecuadamente, el primer grupo que empezó a practicar el sikuri en su modalidad de varios bombos y otros modalidades de la música campesina desde mediados de los años 50, fue el Club “Unión Progresista Conima” que también llegó a grabar un disco LP en 1980, bajo la dirección de Calixto Vásquez con el título «Zampoñas, Tarkas y pinquillos». Después vendrían los sikuris 10 de Octubre de Yunguyo, y Los Sankayos de Moho, que fueron creados posteriormente.
Hoy existen más de 40 grupos que están reunidos en torno a una Asociación de sikuris, sin considerar los grupos que existen en colegio, facultades de universidades y parroquias, gracias en gran parte a la inquietud innata de los puneños de difundir esta modalidad musical, y en especial a la esforzada y destacada labor desarrollada por la Asociación Juvenil Puno fundada en 1970, institución cultural que se ha convertido desde hace cerca de 40 años, en la principal promotora de los sikuris y zampoñadas, por medio de los encuentros de sikuris «Tupak Catari» y la fiesta patronal anual de los sikuris en Lima, en homenaje a la «Chacana Cruz».
Instituciones Puneñas en Lima.
En la década de 1870, se formó el primer «Club» de residentes provincianos en Lima, fue el «Club Unión Puneña», formado por alrededor de 30  personas, con el objeto de respaldar la candidatura civil de Manuel Pardo a la Presidencia de la República, siendo elegido como el primer Presidente civil del Perú
 Este Club años después durante la Guerra con Chile, formó un batallón que participó en las Batallas de San Juan y Miraflores, durante la invasión a Lima por los chilenos, con una destacada y heroica presencia; sino recordemos a Manuel Pino. Téngase en cuenta que Puno en esa época tenía mucha importancia en los destinos del país, por ejemplo cuando se eligió al presidente Pardo en las elecciones de 1871-1872 de los 3902 electores, Puno tenia la mayor cantidad  de electores: 518; mientras que  Lima solo tenía 273  y  Arequipa 224. Es bueno  recordar que San Román fue Presidente de la República, y que Echenique durante muchísimos años fue Presidente del parlamento y luego de la República, y que las calles de Lima, tuvieron los nombres de las provincias de Puno y  que pocos años antes había acontecido la Insurrección campesina liderada por Juan Bustamante en Puno y la fundación de la Sociedad Amiga de los Indios, de repercusión nacional.(16)
El «Club Unión Puneña» fue la primera institución de Puneños en Lima que se fundó el 02 de julio de 1871, donde solo podían ser miembros quienes habían nacido en Puno;  para esa época se organizaba un club electoral, para promover una candidatura y en este caso este club fue uno de los gérmenes del Partido Civil de entonces. Estamos investigando esta información en los archivos de «El Comercio»,  para alcanzar mayores precisiones en adelante.
Retomando lo anteriormente escrito sobre la migración puneña, debemos afirmar que, los primeros puneños migrantes que llegan a Lima, en las primeras décadas del siglo pasado son, uno que otro hacendado que «se compró una casa en Lima», a continuación los puneños que siendo funcionarios del gobierno, asumen responsabilidades en algún Ministerio, por lo que deciden trasladarse con su familia a la Capital, y también los jóvenes que son enviados por su padres a estudiar en Lima y que una vez profesionales, aquí se quedan; hay que advertir que los mayores destinos de estudiantes puneños en busca de una profesión en aquellos y tiempos eran Arequipa, Cusco y Buenos Aires y en menor grado Lima.
Las primera gran migración de puneños hacia la costa y en especial hacia Lima, se efectúa después de la crisis económica mundial de los años 30, que se reflejó también en nuestro país, en especial en la sierra; a continuación, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, y cuando en las ciudades se requería mano de obra obrera barata, por el desarrollo de la industria que la exportación minera y la apertura a la inversión del capital extranjero, había provocado a finales de los años 40 y principios de los 50s.
A continuación otra gran migración se produce desde cuando la región del altiplano sufre grandes sequías desde mediados de los años 50, se desarrolla la industria manufacturera, y aparece el «boom» de la pesca, en especial de la anchoveta y la creación empresas de harina de pescado; en Lima crecen y se desarrollan sus distritos, los migrantes provincianos del centro del país se ubican al norte de Lima, en Comas, en Piñonate, la barriada 27 de octubre, «La Parada»; los migrantes del sur encuentran espacios como trabajadores de limpieza de los Municipios de los distritos que se estaban desarrollando, así se ubican en Lima, La Victoria, San Miguel, Callao, etc. y en las recién creadas barriadas de las pampas desérticas del sur de Lima; otro gran sector de puneños viene a ofrecer su mano de obra en las plantas de Harina de Pescado ubicadas en la Provincia del Callao, donde acceden especialmente los aimaras de Huancané y Yunguyo, como lo hacen también en las municipalidades distritales de esa provincia, donde sientan sus sólidas bases de presencia.
Es en esta época en que los puneños llegan a Lima, en que se motiva la organización de las primeras agrupaciones de puneños que buscan las formas de reunirse, de juntarse para recordar sus tradiciones, eso sucede generalmente cuando se identifican más fácilmente por el idioma quechua o aymara, o cuando se ubican por el lugar de origen, donde el idioma es el mejor vinculo de amistad y confraternidad coterránea, para no sentirse desarraigados de la tierra de donde llegaron.
Las primeras reuniones entre los coterráneos son por supuesto los días domingos, ocurridos en la Plaza Unión, Plaza de La Victoria o en el Parque Universitario, lugares donde era común encontrarse entre los paisanos; para a continuación motivar reuniones deportivas entre familiares o «paisanos» de un mismo terruño, generalmente en campos deportivos de barriadas, lo que obligó a formar «instituciones deportivas», o «sociales», las más de ellas de carácter familiar, de la comunidad o del distrito común del cual fueran originarios.
Sin embargo las agrupaciones de puneños de capitales de provincia, que no eran muchas, también tenían sus propias reuniones, generalmente en torno a grupos familiares con ocasión de algún cumpleaños, grupos de ex estudiantes del único colegio común de Puno (San Carlos), que llegaron a Lima a estudiar y se hicieron profesionales aquí o grupos de personas que llegaron como profesionales, quienes se reunían en torno a la música puneña interpretada por estudiantinas, agrupaciones musicales que eran reforzadas generalmente en tiempo de vacaciones de verano, cuando un gran número de maestros llegaban a Lima a «profesionalizarse» y venían con sus instrumentos y su música. Tanto de estos grupos como de los de distritos y comunidades surgió la inquietud de realizar acciones conjuntas en representación del departamento de Puno, así como reunir a todos los coterráneos que estaban desperdigados en la gran capital y así se pasa a una segunda etapa ya de mayor organización.
Así entonces a finales de la década del 50, se forma una importante institución popular denominada: «Central de Instituciones Puneñas» que estaba integrada por diversas agrupaciones y asociaciones de residentes puneños en Lima, congregaba a puneños de diferentes provincias y distritos de los sectores populares, especialmente del sector aymara y quechua del norte de Puno (Huancané, Azángaro) o del sur de Puno (Yunguyo, Juli, Pomata) y que tuvo una meritoria y fructífera labor para integrar a los puneños en Lima.
La «Central», como era popularmente conocida, fue una institución de segundo orden, fundada en 1957 con la participación de diversas instituciones de puneños en Lima. Su primer Presidente fue Hugo Saravia Pacoricona, era de Conima, un enfermero que trabajaba en el Hospital de Bravo Chico, su primer grupo de sikuris fue «Unión Progresista Conima», que llegó a grabar un disco, como también lo hizo el Conjunto Zampoñas del Titicaca del recordado Baltazar Ruelas, quien trabajaba como conserje en el Banco de Crédito, un entusiasta huancaneño, excelente promotor de artistas y de actividades folklóricas, sociales, deportivas que realizaba con el objeto de unificar a los puneños en acciones comunes, a quien líneas antes lo recordamos también como el primer creador de tropas de sikuris en Barrios Altos; el segundo Presidente fue el pomateño Gerardo Barbosa Idiaquez, luego fue el Dr. Guillermo Zegarra Villar, de Puno y a continuación el azangarino Luis Cano Pacheco.
Para hablar sobre la «Central», recurrimos otra vez a la larga y animosa conversación que sostuvimos con Gerardo Barboza, quien fuera su gran animador y dirigente, en parte del diálogo que publicamos en el diario «Los Andes» de Puno del 4 de noviembre del 2011, le preguntamos sobre la Central; conversaciones que las tenemos grabadas en numerosas cintas, de allí extractamos estos textos:
«BME. En Lima se habían ido formando diversas instituciones de distritos o provincias de Puno, pero esta presencia de la cultura puneña en la capital, promovió la posibilidad de reunirlas y organizarlas para realizar acciones conjuntas en una institución de segundo nivel, como fue entonces la Central de Instituciones. ¿Cuándo se forma, quien lo presidió y qué actividad realizó la Central?.
«GBI. La Central de Instituciones Puneñas se forma en el año 1957, su primer Presidente fue Hugo Saravia Pacoricona, era de Conima, un enfermero que trabajaba en el Hospital de Bravo Chico, su primer grupo fue «Unión Progresista Conima», que llegó a grabar un disco, como también lo hizo el Conjunto Zampoñas del Titicaca. En 1958 yo asumo la Presidencia de la Central en reemplazo de Saravia, mi primera actividad fue el primer concurso del folklore puneño, con Resolución Ministerial y jurados nombrados por el Ministerio de Educación en un local del Jr. Sebastián Barranca, todo con instrumentos y danzas nativas, no había danzas de luces, quien ganó ese año fue el grupo de Conima con una danza de los «Satiris», uno de los jurados nombrados por el Ministerio era Jorge Huirse, quien tuvo que cumplir con su tarea; el premio de 500 soles fue donado por «Unión Carolina» con la Presidencia de Sócrates Záferson, quien tenía una oficina de contabilidad en el centro de Lima donde reunía a muchos puneños.
El Primer Presidente que organizó un campeonato de fútbol entre puneños fue el médico Guillermo Zegarra Villar, cuya clausura y entrega de premios se realizó en el Hotel Savoy, donde el administrador era un puneño llamado Juan Villalba Carpio, un gran poeta, era nuestro gran colaborador, y que por su trabajo hablaba varios idiomas, como otros colaboradores que no pensaban con el estómago, sino con el corazón». (17)
Es de notarse que la presencia de la «Primera Embajada Cultura»l que llegó de Puno en 1957, habría sido el incentivo para que diversas instituciones populares procedentes de los distritos y comunidades de las diversas provincias de Puno que existían en Lima, se agruparan para recibir esa Embajada y también formar la «Central».
La «Central» organizaba diversas actividades sociales, culturales y deportivas, en las participaban tropas de sikuris, tarqas, bandas de músicos, especialmente en las competencias deportivas y en la celebración de los carnavales o en el aniversario de Puno. La «Central» realizaba su actividades especialmente los días sábados en el Jr. Sebastián Barranca 624 en el distrito de La Victoria, hoy convertida en una factoría de autos, pero que aun mantiene su ambiente techado en el amplio patio donde se realizaban las muy concurridas veladas artísticas, local donde se congregaban frecuentemente los puneños, gracias a las diversas convocatorias y actividades que programaban los dirigentes de entonces, el local está ubicado estratégicamente al frente del lugar donde los trabajadores municipales del distrito de La Victoria tenían y aun tienen su centro de operaciones.
Es significativo tomar en cuenta que los trabajadores de limpieza de la Municipalidad de la Victoria, como de otros distritos, eran en una gran mayoría procedentes de Puno, en especial de la provincia de Huancané, por ende muchos de ellos dirigentes del gremio sindical de trabajadores municipales, por ello brindaban la cobertura correspondiente a las actividades de los puneños, así como de los provincianos de otros lugares. También se utilizaba el local de la Carpa de Coliseo Nacional.
Hay que tener presente que de esa época data el inicio de una de las primeras «fiestas patronales» de los puneños en Lima, como fue la Fiesta de San Francisco de Borja, el «Tata Pancho» de Yunguyo, realizada en 1960, asumiendo por primera vez en aquella ocasión, el Alferado de la Fiesta a la usanza de nuestro pueblo, el entusiasta joven yunguyeño Severo Arroyo Goyzueta.
Una de las actividades más recordadas es aquella realizó la Central en los Carnavales del año 1959, en que se organizó un desfile con carros alegóricos iniciado en la plaza México y el Campo de Marte, recorriendo las principales calles, avenidas y plazas de Lima, en ocho carros muy bien adornados con motivos puneños, preparados por cada una de las instituciones integrantes de la Central, naturalmente acompañados con grupos de sikuris, bandas de música, danzarines y estudiantinas, para finalmente concluir en una gran fiesta de carnavales en el local de Sebastián Barranca, en La Victoria.
Con el tiempo la Central de Instituciones Puneñas dejó de realizar actividades, por el surgimiento del sectarismo en el pensamiento de personas que decían representar a espurias «clases sociales», ya sea la alta o de la baja, y debido a la permanente e ilógica rivalidad entre quechuas y aymaras, como el surgimiento de comerciantes puneños que se habían superado económicamente. Algunas de sus instituciones integrantes acordaron organizar la actual «Asociación Central Folklórica Puno», fundada formalmente años después.
De esa época predecesora data la creación de la mayoría de instituciones que actualmente forman la «Central Folklórica»: La Asociación Cultural Toquepani, fundada en 1957; el Centro Social Pusi, en 1959; el Club Atlético Pajana San Isidro, en 1961; aunque los trabajadores de la pesca del Club Deportivo Cultural Unicachi de Yunguyo, se organizaron independientemente en 1961 en el Callao.
En la fundación de la nueva «Central Folklórica», también estuvieron el Centro Social Cahuaya Rosaspata, Huancané (1965), la Asociación Tirapunku (1964), San Salvador de Cotos de Huancané (1969), Conjunto Folklórico Sankayos de Moho, la Asociación Juvenil Puno (1970), quienes junto a otras 22 instituciones fundaron la «Central Folklórica» el 25 de marzo de 1979. Paralelamente existían clubes familiares, deportivos, asociaciones de comerciantes, trabajadores de municipios, migrantes del sector aymara y quechua, así como otros grupos humanos sin mayor organización, tanto en Lima como en el Callao. (18)
En ese tiempo también se formaron el Centro Social Yunguyo (1954), Centro Social y Cultural Juli (1956), Centro Social Azángaro (1957), entre las de capitales de provincias, así como otras muchísimas más que no registramos.
El Instituto Puneño de Cultura fue una institución muy importante, fundado el 4 de noviembre de 1955 por los escritores e intelectuales puneños: Ricardo Arbulú, Gamaliel Churata, Alberto del Castillo, Pablo Iturry, Ernesto More, Dante Nava, Alejandro Peralta, Luis de Rodrigo y Emilio Vásquez; en el tiempo y durante muchos años esta institución realizó una intensa actividad de proyección resaltando los valores de la cultura puneña, y que tuvo todavía algún nivel de vigencia y actividad cultural, hasta que falleció el gran músico Edgar Valcárcel, su último mayor promotor.
Existían otros grupos, no necesariamente musicales, que se reunían en actividades sociales; entre ellos estaba el «Unión Carolino» o «Asociación Carolina», el grupo lo presidía Sócrates Záferson y estaba integrado por ex alumnos del Colegio San Carlos, que funcionaba en la oficina contable que Záferson tenia en el Jr. Moquegua, donde se reunían para realizar sus coordinaciones, así como lo hacía el Club Juvenil Puno, que con la presidencia de Antonio Zirena se reunía en el Jr. Moquegua, bajo el auspicio del diputado Teófilo Monrroy, como otros grupo en el domicilio de Manuel Cortez Quiroga en Lince.
Existía el Centro de Estudiantes Puneños que funcionaba en la Universidad de Ingeniería promoviendo la actividad política, gremial y cultural de los estudiantes puneños en Lima durante muchos años. Estos grupos «representaban» a las capas económicamente medias y altas de puneños en Lima, aunque un sector de orientación popular del Centro de Estudiantes Puneños, con la participación de estudiantes de las universidades San Marcos, Agraria, Cayetano Heredia, forman en 1970 la Asociación Juvenil Puno, institución que luego crearía su conjunto de sikuris «27 de junio», y que en los años siguientes se convirtió en el principal promotor del Sikuri en Lima por medio del encuentro anual de sikuris «Tupak Katari» que hoy ya lleva muchos años de realizarse en Lima.
También estaban el Centro Social Femenino Puno, el Club Departamental Puno, así como otras instituciones que reunían con preferencia a los puneños que tuvieran una mejor posición socio económica, sus actividades las realizaban en el ámbito de la clase media alta, en el Club de la Unión, en el Club Arequipa, el Hotel Bolívar, entre otros ambientes seleccionados.
A fines de la década del 50 del siglo pasado, un grupo de puneños y puneñas optó por organizar una institución que sería en el tiempo, la principal promotora del puneñismo en Lima, la inquietud de ese grupo logró establecer que los puneños que hacia ya un tiempo estaban residiendo en Lima, por diversos motivos, debían unificar criterios para actuar en forma conjunta y corporativamente, en afán de cultivar las tradiciones que traían de su pueblo, concluyendo en fundar el Club Departamental Puno.
Han pasado 53 años de aquella ocasión, y lograron su objetivo, el Club Departamental Puno se convirtió en la institución rectora del puneñismo, con muchos éxitos alcanzados, una actividad social y cultural muy reconocida por las diversas instituciones de su género y por otras instituciones que vieron en él por cuarenta años, y a la comunidad puneña que la integraba, como los aladides del puneñismo en Lima. Sus diversos presidentes en su momento promovieron una intensa actividad cultural, que los llevó inclusive a integrarse a la Asociación de Clubes Departamentales del Perú, donde obtuvieron un lugar de renombre, sin embargo, no todo fue color de rosa, hace alrededor de 10 años, fueron perdiendo esa iniciativa, hasta perder su reconocimiento legal en Registros Públicos y en la comunidad de clubes departamentales, no por su gusto, sino por quienes no supieron asumir el rol histórico que le cabía a esta digna  Institución puneña en Lima; sin embargo antes de cumplir los 53 años, nuevamente se toma la iniciativa de regresar al cultivo del puneñismo y de la cultura puneña; una nueva directiva Presidida por el Dr. José Ormachea Frisancho, logra su reconocimiento legal, como consecuencia de asambleas realizadas por sus históricos asociados.
Hoy luego de 12 años de no contar con una directiva inscrita en Registros Públicos, esta institución ha tomado el reto de forjar su renacimiento, esperando que el futuro institucional sea más promisorio, a fin de alcanzar los fines y objetivos que desde su primer estatuto se había impuesto.
El recordar en esta ocasión como surgió el Club Departamental Puno, será un motivo más para lograrlo; por eso es bueno recordar la historia del pasado para comprender el presente y alcanzar logros positivos en el futuro.
El grupo del que hablamos y que tomó la iniciativa de reunirse para realizar actividades en nombre de Puno, antes del Club Departamental Puno, fue integrado por distinguidas damas puneñas lideradas por la Sra. Rosa Solórzano de Pardo del Valle, quienes en una reunión realizada en el Club Jauja, el 26 de octubre de 1955, toman la iniciativa de fundar una institución a la que denominan «Centro Social Puno» que dicha dama preside, con una directiva en la que la acompañan la Sra. Elena Oyanguren de Barreda como Vicepresidenta, la Sra. Graciela Zaa de Gutiérrez como segunda Vicepresidenta,  la Srta. María Luisa Oquendo como Secretaria, Graciela Zaa de Bellina como Prosecretaria, la Sra. Laura Castro de Oquendo como Tesorera, la Sra. Delia Landaeta de Gálvez como Pro tesorera y la Sra. Sara Valdivia de Zegarra como Vocal. Siendo en realidad la primera institución de carácter social y cultural de residentes puneños en Lima de esa centuria, que surgió inicialmente como «Centro Social Puno» para luego legalizarse como «Centro Social Femenino Puno».
Este grupo de damas realiza entonces, una intensa actividad al servicio de Puno, organizando reuniones sociales en domicilios particulares y en algunos clubes departamentales que ya existían, como el Club Arequipa, el Club Jauja, el Club de la Unión entre otros; actividades que resultaron un éxito económicamente, destinando los remanentes para obras de carácter benéfico a favor de niños desvalidos de la ciudad de Puno.
Estas actividades también permitieron reunir dinero con el objetivo de contar con un local propio, es así que el 28 de junio de 1959, en un almuerzo en el domicilio de la Presidenta la Sra.  Elena Oyanguren de Barreda, deciden con sus esposos, formar la «Casa Puno», y el 29 de junio del mismo año logran adquirir el local que hasta hoy se cuenta en el Jr. Cervantes 137, con el aporte de bonos que ellas suscriben. No se habían quedado solas, la exitosa iniciativa de la adquisición del local también fue suscrita por los esposos, que habían formado la «Casa Puno», siendo su Presidente el señor Humberto Nadal acompañado de una directiva integrada por los señores Carlos Barreda, Juan Oquendo de la Flor, Luis Núñez, Juan Zegarra Villar y Wenceslao Villar Montoya. Es así para la adquisición del local se contó con el aporte de las damas de Centro Social y los caballeros de la Casa Puno, quienes adquirieron las respectivas acciones en la propiedad del local.
Recordamos a quienes fueron Presidentas del Centro Social Femenino Puno, las Sras. Esther Pacheco de Nadal, Laura Castro de Oquendo, Olga Flores de Valdéz, Clotilde Flores Guerra de Rubina, Graciela Zaa de Gutiérrez, Aurora Ruiz de Macedo, Blanca Paz de Novoa de Guerra, Carmen Leonor Gonzáles Zúñiga y Rosa Bacigalupo de Bedoya, todas ellas con la vehemencia de su entrega al servicio de Puno.
Pasados los meses en una reunión conjunta de las damas integrantes del Centro Social Femenino Puno y los caballeros de la Casa Puno realizada el 11 de diciembre de 1959, resuelven unánimemente fundar el Club Departamental Puno, eligiendo como su primer Presidente al Ing. Carlos A. Barreda, instalándose formalmente como institución en una reunión protocolar el 04 de enero de 1960. El Ing. Barreda ejerce la Presidencia hasta el año 1964, para luego ser nuevamente elegido en 1967. Es así que el local del Jr. Cervantes 137, fue compartido por las dos instituciones, el Centro Social Femenino Puno y el Club Departamental Puno por un largo periodo, realizando una intensa actividad social y cultural.
Es en el año 1987, siendo Presidenta del Centro Social Femenino Puno la Sra. Rosa Bacigalupo de Bedoya y Presidente del Club Departamental Puno el Sr. Alberto Paniagua Daniells, que se fusionan ambas instituciones. El Centro Social Femenino Puno se convierte en el Comité de Damas del Club Departamental Puno. Ocasión en que también se da apertura a los socios de provincias.
En el padrón histórico del Club Departamental Puno legalmente reconocido, al que hemos accedido, figuran las siguientes personas en este orden, Rosa Salinas de Barreda (26-10-55), Yolanda Barreda de Villar (26-10-55), Rosa Bacigalupo de Bedoya (26-10-55), Lola Aguilar de Escarrachi (04-08-57), Clotilde Flores Guerra de Rubina (07-08-57), Olga Flores de Valdez (07-08-57), Mery Chamorro de Arce Franco (18-05-61), Enrique Cuentas Ormachea (04-12-61), Raíl Guerra Pérez (04-12-61), Judith Calderón de Lino (04-12-61), Augusto Valdez Oviedo (04-12-61), Wenceslao Villar Montoya  (04-12-61), Juan Zegarra Villar (04-12-61). Sin embargo no debemos dejar de considerar en el recuerdo a las siguientes distinguidas damas, Rosa Solórzano de Pardo del Valle, Sara Valdivia de Zegarra Villar, Aurora Ruiz de Macedo, Graciela Toro de Rivera del Mar, Carmen Leonor González Zúñiga, Graciela Zaa de Bellina, Carlota Sarmiento Rodríguez Celia Salas de Manrique, Carmen Salas de Palacios, Lucila Dianderas de Ávila, Leonor Villar Montoya, Elsa Flores de Calmet, Carmela Ávila de Rodríguez, Dora Quiroga de Valdivia, Carolina Ramos de Ormachea y otras distinguidas damas de los años aurorales.
Recordamos a los dirigentes y presidentes del Club Departamental Puno, Carlos A. Barreda, Víctor Arce Franco, Gustavo Guerra, Darío Palacios, Enrique Cuentas Ormachea, Miguel Ángel Valdivia, Oswaldo Paulinich, Alberto Paniagua Daniels, Manuel Edgar Cortez Quiroga, Wilfredo Salas Perea, José Ormachea Frisancho, Raúl Guerra Pérez y Julio Delgado Aragón, quienes con su sapiencia, voluntad de servicio y empedernido entusiasmo por la cultura puneña, supieron darle cada uno en su momento, el lugar que le corresponde a la institución rectora del puneñismo en Lima, lugar que nunca más debe perderlo.
Han pasado desde entonces muchísimos años, las generaciones se han cambiado; y hoy respecto a la cantidad de agrupaciones de residentes puneños que existen en Lima, Jesualdo Portugal(19) en un registro y catalogación que realiza, contabiliza más de 300 agrupaciones y clubes, de la más diversa índole, sociales, culturales, musicales, dancísticas, deportivas, comerciales, familiares, comunales, distritales, provinciales, etc.
Están en la Asociación Central Folklórica que cuenta con un amplio coliseo en la Av. Las Torres, en Ate; están en el Callao, integrados desde hace muchos años en una Asociación Departamental de Instituciones Puneñas, están en Lima Norte, Independencia, Comas; en Lima Sur, Villa María del Triunfo, Villa el Salvador, San Juan de Miraflores; están en San Juan de Lurigancho, y muy pocos en el lado este de la Gran Lima, en cada caso realizan cada quien, diversas actividades folkloricas, deportivas o patronales.
Todas ellas esperan que en algún momento se forme la Federación de Instituciones de Puneños en Lima (FIPULI), que algún día habrá de constituirse para unificar a todos los puneños que viven en Lima y que trabajan en bien de su tierra, mediante diferentes actividades del quehacer humano, pero que el celo y la competencia entre «cholos» y «mistis» y de los demás, aun no lo permite.
Los Provincianos en la Capital.
Concluimos esta serie de materiales acerca de los puneños en Lima, manifestando que ellos entonces actuaban según los conceptos heredados de Puno, donde hasta 1956, los «indios» no podían entrar a la ciudad capital de Puno con su trajes típicos, sin antes haber pedido permiso; o conforme estaba «establecido» desde tiempos de la colonia y el gamonalismo muy determinante en mucho tiempo en Puno, cuando se creía en la diferencia de las clases sociales; con razón o sin ella, cada quien se ubicaba en la más alta o en la más baja y cada uno según su estilo, trató de establecer en Lima esa anacrónica diferenciación que el tiempo y la distancia aun muy poco ha borrado; ya que aun hoy cuando hablas con algún «exgamonal» o algún «excampesino», existen todavía algunos de entre ellos, que continúan manifestando su racismo, su resentimiento, de un lado como del otro, más aun cuando se refieren respectivamente a los «q’aras» o a los «indios». Si pues, el tiempo aun no lo ha borrado, y es el mismo tiempo quien no permite unificar a los puneños en Lima.
Un material muy importante acerca de la migración de los provincianos a Lima y en general a otras ciudades fuera de su tierra, la han escrito Jüngen Golte y Norma Adams,(20) que publican en su libro una investigación muy interesante acerca de la presencia de un grupo de puneños en Lima, y se refieren en especial a migrantes del distrito de Asillo de la Provincia de Azángaro, hablan de cómo se van integrando en la gran ciudad, con todos sus modos de vida y sus tradiciones.
El ejemplo que se hace de los asilleños que se dedicaron a las confecciones, es muy emblemático, de ahí que en este tiempo podemos concluir contundentemente cómo los puneños nos hemos asentado en Lima; con el uso común del apoyo mutuo y la solidaridad recíproca, es decir el ayni, la apjata, tradiciones ancestrales andinas que en nuestro pueblo, siempre han sido la base para imponer nuestra presencia, la unión y la ayuda mutua han sido el sostén para salir juntos en busca del progreso, la unión grupal entre los coterráneos nos ha servido para alcanzar nuestros objetivos positivos.
Por eso es que ahora podemos ver cómo el grupo de yunguyeños que primero se dedicaron a la pesca, luego a las especerías, ahora lo hacen en los grandes mercados de abasto con mucho éxito, o ver cómo los juliaqueños se han dedicado primero al comercio ambulatorio, a la artesanía, a los tejidos, y hoy a los grandes mercados artesanales dedicados al turismo, así como otros tantos puneños que han orientado su actividad en lo que hoy es los grandes emporios comerciales de «Gamarra», «Caquetá», «Unicachi», «Villamaría», «Callao», etc.; donde la presencia de los puneños es contundente, ello incluye la presencia económica y social acompañada con participación permanente en grupos de música y baile.
Ese fue el comportamiento de la gran mayoría de los puneños en Lima, no necesariamente «pudientes» que mantuvieron latente su identidad y sus costumbres tradicionales, comportamiento muy distinto por cierto, al de algunos profesionales o empleados públicos que también llegaron a Lima en busca de un mejor futuro pero que no necesariamente mantuvieron en pleno sus identidades. Muchísimos de este sector fueron «absorbidos» por la «cultura» de la ciudad, criolla, aristocrática, limeña, etc. aunque otro sector de profesionales y empleados públicos si mantuvo su identidad y apego a las tradiciones puneñas, gracias en gran parte a Brisas del Titicaca que, en el caso, es el resumen de todas las identidades puneñas, donde su objetivo ha sido y es la difusión de la música y las danzas de Puno.
Aunque un sector bastante amplio de puneños en Lima, se ha desarrollado independientemente, gracias a su iniciativa propia de ingresar al circulo comercial, siendo inicialmente pequeños comerciantes para ahora ser un sector muy activo -llamado hoy emergente-, cuya presencia es clarisimamente notoria en los diversos conos de Lima, allá donde hay un mercado nuevo u otro ha crecido, es por el empuje y la presencia que los puneños han puesto en ese esfuerzo común. Cada año se ve el reflejo de ese progreso, en la construcción de nuevos mercados, así como en la «ostentación» de recursos que hacen cuando se trata de una Fiesta Patronal de su pueblo. Evidente competencia, como también hay de los que reunen dinero para anualmente hacerlo llegar a su pueblo, donde pueden donar diversas cosas.
Hoy por hoy el puneño en Lima representa a un sector significativamente reconocido, algunos son dirigentes de instituciones grandes, otros han sido autoridades municipales o Alcaldes elegidos, por su trabajo y labor conocida
Transcribimos un párrafo del libro de Golte y Adams, allí se dice:
«La experiencia histórica de migración por otro lado ha dado la oportunidad a los asileños, y con ellos a la gente del altiplano en general, de desarrollar una cultura, que permite la identificación con el lugar y sus habitantes a pesar de largas ausencias».... «El individuo se identifica por medio de la música y las fiestas patronales con paisanos y parientes. La ayuda entre ellos y el mantenimiento de las referencias de origen resultan una obligación». (21)
Tan cierto que hoy no hay institución de puneños en diferentes lugares del país que se precie de tal, que no celebre su «Fiesta Patronal», como buen motivo para reunir a sus coterráneos e integrarlos en afán de las ideas, modos y costumbres comunes que comparten aunque sea una vez al año, actividad donde nos hemos visto muy involucrados en los últimos años, por ser sus promotores.
Para mejor análisis acerca de la migración puneña en Lima recomendamos la lectura del libro de Golte y Adams.
Concluimos también que la gente puneña reunida en torno a Brisas del Titikaka, pretendió unir no solamente a los coterráneos de las comunidades sino también de los pueblos y de las ciudades, y a partir de esa voluntad, contar con una institución de carácter popular y sin discriminaciones que con el tiempo y los años se ha logrado, aunque se mantenga todavía presente la incomprensión innecesaria entre los puneños, no solo allí sino donde estén, que al decir de don Samuel Frisancho Pineda podemos repetir sus palabras, «Que por qué los puneños son así, porque viven todavía como andaluces y vizcaínos, peleándose y odiándose»(21), por cierto, ese es un factor negativo que aun existe en las relaciones entre los puneños, que no puede ser desterrado como si fuera una maldición.
Del mismo modo también podemos concluir que, desde siempre, la clase media puneña afincada en Lima, -para este caso del grupo que estuvo en torno a Brisas del Titicaca-, ha buscado un espacio para reunirse y desarrollar su principal inquietud que la lleva impregnada en la sangre: la música y la danza.
La verdad final es que en el lugar donde se reunían puneños no faltaban instrumentistas que evocaran la música y danzarines que bailaran entusiasmados y fue lo que aprovechó muy oportunamente la gente de Brisas del Titicaca desde sus inicios hasta hoy, y que le ha servido de mucho para convertirse en una gran y grande institución, a la cual muchos desean pertenecer. Aunque creo -personalmente- que su membresía debía ser limitada exclusivamente para quienes buscan el beneficio institucional y quienes contribuyen al desarrollo de las manifestaciones culturales del departamento de Puno y no a quienes buscan el beneficio y la satisfacción personal de la diversión.
Esta inquietud principal «llevada en la sangre», fue la base fundamental para la formación de muchas asociaciones de puneños y por supuesto el éxito que ha alcanzado durante estos años esta institución, luego de su formación como «Conjunto Musical» en 1961, así es, en 1961, para convertirse formalmente en «Centro Musical» en diciembre de 1965, elegir su primera directiva en febrero de 1966, convertirse en «Asociación Cultural» en noviembre de 1968, consolidarse legalmente en 1970, cuando es inscrita en Registros Públicos, y finalmente promover su crecimiento y desarrollo desde 1994 hasta la fecha en que cumple 50 años.